sábado, 31 de enero de 2015

Buenaventura Durruti. El Héroe del Pueblo

Decía el poeta valenciano Miguel Hernández que “una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde” y, qué razón tuvo, pues fueron millones de gotas de pura valentía las que se enrolaron en las filas del Ejército popular republicano, las milicias anarquistas o incluso venidas desde el extranjero en las Brigadas Internacionales, todos y todas a una para combatir la sublevación franquista en julio de 1936. Sin duda hay que mostrar el mismo agradecimiento a toda persona que luchó y murió por la libertad, pero también es cierto que hubo personalidades que fueron más relevantes que otras, bien fuera por su capacidad estratégico-militar, ya sea por su habilidad en el campo de batalla o incluso por sus carisma y oratoria.  Es por eso que en este presente artículo queremos rendir homenaje y, a la vez, darlo a conocer más aún, al que fue vaticinado como “Héroe del Pueblo”. Sin duda alguna, estamos hablando del líder anarquista Buenaventura Durruti.


Buenaventura Durruti y Domingo, hijo de Anastasia y Santiago, ama de casa y ferroviario, respectivamente, nació un 14 de julio de 1896 en la ciudad castellana de León.
Con tan solo cinco años empezó a cursar la educación primaria y, cumplidos los diez años,  pasó al instituto, situado por aquel entonces en la Calle Misericordia. Buen estudiante para las letras y de “sentimientos muy nobles” dejó escrito su profesor de secundaria, Ricardo Fanjul.

Durruti empezó, como era usual en aquellos tiempos, a trabajar a una edad temprana. A los catorce años entró como aprendiz en un taller de mecánica hasta los dieciocho años, a partir de entonces encontró su primer trabajó en las minas leonesas, concretamente montando lavaderos para la mina, en la localidad de Matallana de Torio. Desencadenada la primera guerra mundial, en 1914, y, siguiendo los pasos de su padre Santiago, entró en la compañía de ferrocarriles del Norte en el puesto de mecánico montador.
Fue a partir de este año en el que Buenaventura tuvo sus primeros contactos con la lucha obrera y sindical. Aunque León era una ciudad mayormente dominada por el clero y la aristocracia, existía una importante actividad del PSOE y de UGT, a la cual perteneció Durruti en sus primeros periplos como sindicalista. Ya con los dieciocho años recién cumplidos, por su naturaleza rebelde y revolucionaria, comenzó a hacerse un hueco entre las filas de la lucha obrera y su nombre era cada vez más conocido entre los centros mineros.

Su activismo primigenio se basó en participar activamente en las reuniones sindicales e ir a los centros de trabajo a dar charlas y movilizar a la clase obrera leonesa y castellana. Fue en 1917 cuando Buenaventura cambió la UGT por la CNT, después de una huelga revolucionaria durante ese mismo año acaecida en León. Y he aquí su primer “exilio”, pues al ser ya una persona con renombre revolucionario, y más aun después de su descomunal actividad en esa huelga, fue despedido de su compañía ferroviaria y tuvo que marchar a Gijón para dejar de sufrir el acoso y boicot de la patronal leonesa. Fue en la ciudad asturiana donde conoció las teorías anarquistas de Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin, gracias a su amigo, también anarquista, Miguel Buenacasa, quien fue primer secretario general de la CNT y director del famoso periódico “Solidaridad Obrera”. El boicot por parte de la patronal gijonesa no se hizo esperar y tuvo que exiliarse a Francia, donde conoció a anarquistas de renombre a nivel europeo como Sebastian Faure. En unos meses, comenzado 1920, regresó al Estado español ante los rumores de posible revolución social, pero esta vez a San Sebastián. Sin embargo, al ver que era una ciudad “a la que nunca le pasaba nada” acabó en una ciudad donde al contrario que San Sebastián siempre pasaba algo. Esa ciudad era Barcelona, conocida en aquella época como “La rosa de foc” o “La ciutat de les bombes”, donde conoció al mítico líder cenetista Ángel Pestaña.

A Durruti le cogió de lleno lo que en historia se conoce como “El pistolerismo”, que fue una etapa de nuestra historia, años ’20, caracterizada por la utilización de sicarios armados por parte de la patronal que se dedicaban a dar ‘matarile’ a sindicalistas y demás revolucionares en plena calle, y siempre con la ayuda desinteresada de las fuerzas de orden público. Ante esto, Buenaventura Durruti fue alternando su estancia entre Barcelona y Zaragoza para tomar partida activamente en la lucha contra el pistolerismo, como era de esperar, utilizando los mismos métodos. No había anarquista que no llevara siempre encima una Colt 45 o la mítica pistola ‘Star’ como forma de defenderse de los ataques de los “pistoleros”. Fue aquí donde se creó el famoso colectivo “Los Solidarios”, anarquistas raudos y con buena puntería que supieron poner en jaque a la policía y a los sicarios de la Patronal.
Durante toda la década de los años ’20, Buenaventura Durruti ya era un revolucionario conocido en toda Europa, tanto por los gobiernos, como por las clases trabajadoras, gracias a actuaciones como el intento de asesinato del Rey Alfonso XIII en la ciudad francesa de París. Gracias a estas acciones, su vida entonces estuvo marcada por las largas estancias en prisión y el exilio continuo de país en país. La rutina era siempre la misma, intentar buscar trabajo con nombre falso en algún país europeo, y una vez descubierto por la policía huir hacia otro Estado y vuelta a empezar.

Con la llegada de la Segunda República Española, en 1931, Buenaventura Durruti y sus camaradas volvieron a su España natal, pero esa república decepcionó a las masas revolucionarias y trabajadoras. El primero de mayo de 1931 se sucedió una gran manifestación en la ciudad condal de más de 10.000 personas exigiendo al gobierno republicano la libertad de los presos políticos y “reformas sociales urgentes”. ¿Cuál fue la respuesta del Gobierno? Enviar a la Guardia Civil y a varios pelotones del ejército a disolver, por la fuerza, esa manifestación. Pero la capacidad de convencimiento y credibilidad que tenía Durruti hizo algo que dejó boquiabierta a toda persona manifestante: Consiguió convencer a los pelotes del ejército que usaran sus armas contra la Guardia Civil. Y así fue.
Convirtiéndose en estandarte máximo de las pretensiones revolucionarias y de la CNT a nivel español fue máximo partícipe de todos los acontecimientos revolucionarios desde 1931 hasta 1936 y en toda intentona insurreccional. Se acercaba julio de 1936, pero ya dos meses antes, en el Congreso de Zaragoza de la CNT se denunció públicamente la conspiración militar que se produciría en poco y se hizo un llamamiento a la revolución.

Buenaventura Durruti provocó tal agitación y efusividad en las masas trabajadoras que el mismísimo ‘President’ Companys le citó a él y a Garcia Oliver para establecer una entrevista e intentar unir lazos entre la Generalitat y la CNT. La única condición de la CNT era dura: Armar al pueblo. La Generalitat desoyó la propuesta.

19 de julio de 1936, cinco de la madrugada y las tropas militares comienzan la sublevación que sumiría España en tres años de cruenta guerra civil. Setenta y dos horas después del inicio de la sublevación, Joan García Oliver, desde Barcelona anunciaba por la radio que el pueblo de Barcelona en armas había vencido al fascismo. Desde ese mismo instante, en toda Cataluña, ocurre algo único y sin precedente en la historia: Desaparece el poder del Estado. El Estado ya no existía más que de nombre, toda fuerza representativa se había fundido en el pueblo. Desde ese momento, comienza un control absoluto de la CNT y de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) tanto en Barcelona como en el resto de Cataluña. Companys no tuvo otra alternativa que ceder el poder a los que habían salvado al pueblo de la sublevación facciosa, y en la reunión con los delegados de la CNT y de la FAI dejo una frase para la historia: “Ante todo tengo que deciros que la CNT-FAI no ha sido tratada como merecía. Hoy sois dueños de la ciudad y de Cataluña porque solo vosotros habéis vencido a los militares fascistas. Todo el Poder ahora es vuestro. Si no me necesitáis, o no me queréis como Presidente de Catalunya, decídmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado más en la lucha contra el fascismo”.  

Desde los primeros meses de la guerra, las milicias anarquistas empezaron a sufrir las trabajas y obstáculos que ponía el gobierno republicano a la hora de ofrecer material militar o víveres de subsistencia, pero eso no aplacó el espíritu revolucionario del movimiento anarquista.
Entre octubre y noviembre de 1936, hubo el punto de inflexión, las tropas franquistas tenían asediada la ciudad de Madrid y el pánico entre las esferas gobernantes republicanas fue tal que se vieron ante la necesidad de hacer algo no muy deseado: recurrir a Buenaventura Durruti con el propósito, y bien que lo sabían, de levantar la moral de los combatientes ‘rojos’. Y así fue, la Columna Durruti partió desde Barcelona para llegar a Madrid el día doce de noviembre, lo que supuso un soplo de aire fresco en la lucha contra la reacción fascista. Desde ese día hasta el día de su muerte, Durruti no tuvo ningún momento de reposo.

No obstante, llegó el día fatídico. Hacia las dos del mediodía del 19 de noviembre recibe en su pulmón izquierdo una “bala perdida”. Se le llevó con carácter de urgencia al hospital de las milicias catalanas instalado en el Hotel Ritz. Se le practicaron varias intervenciones quirúrgicas sin éxito, a lo que murió el día 20 de noviembre de 1936 a las seis de la mañana. ¿Qué hacer desde ese momento? Tanto la CNT como el gobierno republicano lo tenían claro, la muerte del que hasta ahora había sido el “Héroe del Pueblo” y la viva imagen del antifascismo, no podía anunciarse ya que eso desmoralizaría a les combatientes del bando republicano y anarquista. Su cuerpo fue trasladado de incognito a Barcelona, donde sería enterrado el veintitrés de noviembre, convirtiéndose en el mayor funeral con asistencia de la historia de Catalunya, superando a quien ostentaba el récord hasta esa fecha, Francesc Macià.
Una vez anunciada su muerte, la misma pregunta se generó entre la masa obrera y campesina: ¿Quién mató a Buenaventura Durruti? Hay cuatro teorías, que a día de hoy, no han sido ni confirmadas ni desmentidas.

  1. Durruti ha muerto a causa de la bala de su propio ‘Naranjero’ al resbalar en el momento de bajar de un camión.
  2. Durruti ha sido asesinado por los anarquistas más reformistas que querían acercarse a posturas más moderadas y creyeron necesario acabar con les líderes más revolucionarios.
  3. Buenaventura Durruti es asesinado, también por anarquistas, pero por los más revolucionarios, que ven con recelo su “acercamiento” y trata amistoso con les comunistas de Madrid.
  4. Durruti es asesinado, por orden de Stalin, por la OGPU (policía soviética) pues su gran fama ponía en peligro los planes del Partido Comunista Español.


Terminaba así el sueño revolucionario de un ferviente anarquista como fue Buenaventura Durruti y Domingo. Admirado por todo el proletariado, incluso muy querido entre las filas del PCE y del PSUC, tuvo que dejar al proletariado revolucionario huérfano muy tempranamente. El camarada Durruti comprendió que anonimato y anarquismo debían ir de la mano, que nunca se debían caer en vanidades ni delirios de grandeza. Durruti vivía al margen de cualquiera de estos asuntos, él vivía con sus camaradas como uno más, luchaba codo con codo, en la misma barricada con todos sus compañeros. Era un ejemplo luminoso para la clase trabajadora, un pozo de entusiasmo. Aunque sus camaradas lo consideraban un “caudillo revolucionario”, él nunca se tomó como tal, fue un hombre caracterizado por su modestia, apasionado por la lucha y derrochaba entrega entera a la gran causa de la revolución social. “Durruti no mandaba, convocaba” decía su compañero Karl Einstein. Era la convicción con la que contaba sus estrategias y procedimientos era lo que provocaba que todo el mundo, sin discusión, acatara sus órdenes. No obedecían a ningún general ni a ningún superior, le obedecían porque sabían que, como el resto de camaradas, tenía un propósito a conseguir: La emancipación de las clases oprimidas.

"Ningún gobierno lucha en contra del fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de sus manos, alzan el fascismo para mantener sus privilegios." Buenaventura Durruti. 

2 comentarios:

  1. Breve homenaje a la figura de Durruti que he disfrutado leyendo.Lástima que el curso de la historia no hubiera sido otro,quizás eso hubiera influenciado y modificado unos desenlaces ya conocidos.También lástima que este líder anarquista y el presidente de la Generalitat no colaboraron lo suficiente para unir fuerzas frente a un enemigo común.
    Saludos,
    Anna

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  2. Te recomiendo un libro muy clarificador: "Una historia de la guerra que no gustará a nadie", de Juan Eslava Galán.

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