sábado, 25 de abril de 2015

La Ucrania makhnovista

Nestor Makhno, el guerrillero anarquista

El mismo día del inicio de la Revolución de Octubre un joven anarquista, hijo de un matrimonio de campesinos pobres, llamado Nestor, tomó la iniciativa de organizar anárquica y militarmente –y de forma paralela y autónoma a la revolución rusa- a las masas campesinas de todo el sur de Ucrania. Nestor nació el 27 de octubre de 1889 en Hulai-Pole, una pequeña población del sureste de Ucrania. Ante la prematura muerte de su padre cuando él aun no sabía ni hablar, tuvo que empezar a mantener a toda su familia desde los siete años, trabajando como pastor hasta los doce años, para luego convertirse en peón de colonos alemanes que tenían grandes extensiones de granjas. Fue desde ese mismo instante cuando empezó a generar su odio hacia las injusticias cometidas por los “señores”. Se enroló en el movimiento libertario con dieciséis años, después de participar en la revolución de 1905. Encarcelado por el zarismo tres años después, y no volvió a ser libre hasta la amnistía de 1917. La enorme sublevación campesina fue liderada y protagonizada por un anarquista, una especie de bandolero al más puro estilo “Robin de los bosques” ácrata, conocido popularmente entre los campesinos como Bakto Makhno (Papá Makhno). Los primeros congresos de la Makhnovtchina agrupaban a la vez tanto al campesinado como a los guerrilleros del Ejército Negro. Los congresos se convertían una prolongación más de un ejército insurreccional y campesino que practicaba la guerra de guerrilla, que era increíblemente móvil, capaz de recorrer hasta cien kilómetros por día, no solo gracias a su caballería, sino también a su potente infantería dotada de grandes coches movidos por caballos de raza ucraniana, famosos por ser una de las razas más atléticas y con piernas muy fuertes. El Ejército Negro, al igual que las comunas de todo el territorio makhnovista, estaba organizado bajo las bases libertarias, de voluntariedad, de principio electivo para con los cargos jerárquicos y una fuerte auto-disciplina. Fue gracias a este singular ejército que se pudo haber derrotado, en otoño de 1919, al Ejército Blanco de Denikin. La primera medida que se quiso tomar desde Moscú, concretamente desde el Ejército Rojo, entonces comandando por León Trotsky, era poner al ejército de Makhno bajo la tutela del mando bolchevique, cosa que desde un primer momento fue rechazada tanto por el mismo Makhno como por todo el movimiento anarquista Ucraniano. Inaugurando una técnica que dieciocho años más tarde imitarían los bolcheviques españoles contra la CNT-FAI, el bolchevismo ruso de entonces negó cualquier envío de armas y suministros al Ejército Negro, para años más tardes acusarles de “traición” por “dejarse abatir por las tropas blancas”.

Tan solo hubo dos ocasiones en la que los dos movimientos, y sus respectivos ejércitos, se vieron obligados a cooperan entre sí, lo cual se produjo primeramente durante marzo de 1919, contra Antón Denikin y sus tropas blancas, y por último durante el verano-otoño de 1920, cuando comenzaron los incesantes ataques de las fuerzas blancas de Piotr Wrangel, que finalmente fue derrotado. Pero una vez pasado el peligro, el Ejército Rojo retomó sus acciones militares contra los insurgentes ucranianos. 
Finalmente, en noviembre de 1920, el poder bolchevique organizó una emboscada que asestaría un golpe mortal a todo el movimiento makhnovista. El cuerpo de oficiales del Ejército Negro acudió a una invitación para asistir a un Consejo Militar, en Crimea, por parte del Ejército Rojo. Nada más llegar, los oficiales makhnovistas fueron desarmados y detenidos por la Cheka, y muchos de ellos fusilados. La ardua lucha entre libertarios y “autoritarios” fue encarnizada, alargándose hasta nueve meses, hasta el triunfo final de las tropas bolcheviques, lo cual obligó a Nestor Makhno a huir hacia Rumanía en agosto de 1921, y luego hacia París, donde murió, en julio de 1935, enfermo y en la más estricta pobreza. 


El movimiento makhnovista
En todo el sur de Ucrania, tras la insurrección makhnovista de 1917, propició, entre otras cosas, la expulsión de los grandes terratenientes, con lo cual todas las tierras fueron colectivizadas. Pero el campesinado ucraniano comprendió que no era suficiente, no bastaba con tomar un pedazo de tierra y contentarse con ello. Es por ello que empezaron a surgir las primeras “comunas libres”, también conocidas como “comunas de trabajo”. La primera comuna que se organizó fue la comuna “Rosa Luxemburg, en la localidad de Pokrovskoié. La comuna, al igual que lo harían todas las que irían surgiendo, estaba basada en los principios antiautoritarios y libertarios. Al ir evolucionando, comenzó a ejercer una enorme influencia sobre toda la población campesina. Las autoridades marxistas de la zona procuraron ingerirse en la vida interior de estas nuevas organizaciones, pero no se les admitió en ninguna de ellas. Desde un principio, las comunas libres no eran numerosas, y solo abarcaban a una minoría de la población, sobre todo a esa que no poseía bienes rurales propios.

Las comunas libres de Ucrania no se crearon por una fantasía o idealismo cualquiera, sino solamente a consecuencia de las necesidades esenciales del campesinado que nada poseían antes de la revolución y que, tras el triunfo, organizaron ellos mismos la organización económica y política sobre las bases comunales. “No eran, pues, las comunas artificiales del Partido Comunista, donde se reúnen habitualmente elementos cogidos al azar que no hacen sino depredar los granos y destruir la tierra, que gozan del apoyo del Estado, del gobierno y, en consecuencia, viven del trabajo del pueblo al que tienen la pretensión de enseñar a trabajar”, rezaba Piotr Archinoff, antiguo amigo de Nestor Makhno.

Eran comunas verdaderamente diligentes de campesinos. Estos trabajaban allí en primer lugar para asegurar su pan diario. Además. Cada campesino encontraba en la comuna el apoyo moral y material que necesitara para su libre desarrollo. El principio de igualdad y camaradería estaba impregnado en el ambiente de las nacientes comunas libres. Tanto mujeres como hombres, trabajaban allí en la medida de sus posibilidades físicas. Las funciones organizativas estaban confiadas a dos o tres compañeros que, tras haberlas cumplido, volvían a su puesto de trabajo. Paralelamente a la construcción de este nuevo ambiente perfectamente anárquico era indispensable crear una organización unida en toda la Ucrania liberada. Era menester encontrar en común soluciones a diferentes cuestiones y problemas que afectaban a toda la región entera. Se comenzaron a crear los principales órganos políticos correspondientes, estos eran , los congresos regionales de campesinos, obreros y revolucionarios. Durante los tres años de vida de la Makhnivtchina existieron tres grandes congresos a modo de encauzar la organización política de la Ucrania libre. En lo que respecta a los órganos de dirección social, la clase obrera y campesina fue partidaria de la idea de los soviets como forma de “autogobierno” político y económico. Cada soviet era el ejecutor de la voluntad del pueblo ucraniano libre. Los soviets se enlazaban local y regionalmente para formar así organizaciones más grandes. Pero su organización completa nunca se dio, pues el curso de la guerra contra el ejército blanco, y los desmanes del Ejército Rojo, hacían difícil el funcionamiento exitoso de estos órganos.

León Trotsky y la Makhnovtchina

Ante las divergencias ideológicas entre anarquistas y marxistas, y la posibilidad del triunfo de  una revolución proletaria no dirigida por el Partido Comunista, la propaganda antimakhnovista del bolchevismo se incrementó más y más. Fue Trotsky el director que orquestó de esta gran campaña llena de calumnias, mentiras, difamaciones y manipulación en general. Según el señor León, el movimiento insurreccional makhnovista no era más que un movimiento de los ricos “kulaks” que buscaban establecer, aun más, su poder en el sur de Ucrania. Decía, que todos los discursos libertarios no eran más que una burda astucia de guerra, pero que en realidad eran los kulaks los que controlaban ese movimiento con el fin de establecer su autoridad. De forma paralela a la manipulación se sucedía el bloqueo de suministros a toda la región insurreccional. El avituallamiento de municiones y demás material indispensable para una revolución cesó inmediatamente. Y la situación devino catastrófica en el momento en que las tropas de Denikin recibían un esfuerzo considerable por parte de los cosacos de Kouban y del resto de destacamentos militares ‘blancos’ formados en el Cáucaso.
Los bolcheviques se daban perfectamente cuenta de las consecuencias nefastas que tendrían estas acciones. Adoptaron tales tácticas porque sabían que el bloqueo significaría la destrucción y aniquilamiento de la potencia militar makhnovista. Trotsky comprendió muy bien que sería muy fácil luchar contra enemigos desarmados. Ante tales desmanes por parte del los bolcheviques, el Ejército Negro se vio cada vez más asediado por las tropas blancas. Fue entonces cuando se decidió convocar para el 15 de junio de 1919 un congreso extraordinario donde se hacía un llamamiento, tanto a los makhnovistas como al propio Ejército Rojo, para detener la nueva –y fuerte- ofensiva que tenían planeada las tropas de Denikin. Pero en lo que no habían caído los insurgentes ucranianos, era en la ‘otra’ ofensiva, la del Ejército Rojo.En la localidad que vio nacer a Nestor Makhno, en Gulai-Polé, el 31 de mayo de 1919 los bolcheviques comenzaron su propia campaña militar. Mientras el Ejército Negro marchaba hacia la muerte contra las temibles tropas cosacas de Denikin, el Ejército Rojo irrumpió en las localidades de la región desmantelando todas las comunas, deteniendo y fusilando a rebeldes que se resistían. A partir de aquí, Trotsky y toda la maquinaria propagandística bolchevique del momento acusan de traición a Nestor Makhno y de “recular sin cesar ante los blancos” a las tropas guerrilleras del Ejército Negro. 

La entrada del Ejército Rojo en la Ucrania Libre marcaría el final de la ‘aventura’ anarquista en el sur de Ucrania, dejando cerca de 200.000 campesinos insurgentes asesinados mediante el fusilamiento, y el resto detenidos y enviados a campos de trabajos forzados en la fría Siberia. El ejército negro combatiría hasta la última gota de sangre bajo el lema “¡Vivir libres o morir combatiendo!” provocándole con las pocas tropas y armamento una contienda bélica más larga y ardua de lo que pronosticó el Comité Central de Moscú. Sin embargo, en la primavera de 1921, con los últimos cien guerrilleros de lo que un día fue un gran ejército revolucionario, y a causa de las heridas de guerra, decidieron retirarse hacia Rumanía cruzando el rio Dniester. Finalmente, los supervivientes de lo que fue la Ucrania Libre emigrarían para siempre lejos de la Unión Soviética.

“Si en la historia hay sucesos cuya existencia ha sido tratada de borrar por todos los medios, probablemente el movimiento majnovista sea uno de los más golpeados por el olvido.” Así rezaba un comentario anónimo en una red social sobre el movimiento anarquista ucraniano del siglo pasado. Y es que como ha demostrado siempre la historia, esta es siempre escrita por los vencedores, pero a veces esa historia oficial se agrieta para sacar a la luz la ‘otra’ historia, la de las perdedoras, la de las desposeídas. Esta fue la historia del movimiento majnovista, Nestor Makhno y ‘su’ Ejército Negro.


Como complemento a esta presente lectura, añadimos dos documentos históricos transcritos al castellano:

Manifiesto del Ejército Insurgente de Ucrania (Primero de enero de 1920)

¡A todos los campesinos y obreros de Ucrania! ¡A transmitir por telegrama, por teléfono o por correo ambulante, a todos los pueblos de Ucrania! ¡Para leer en las reuniones de campesinos, en las fábricas y en las empresas!
¡Hermanos trabajadores!
El ejército insurreccional de Ucrania fue creado para alzarse contra la opresión de los obreros y campesinos por la burguesía y por la dictadura bolchevique-comunista. Se ha puesto como meta la lucha por la liberación total de los trabajadores ucranianos del yugo de tal o cual otra tiranía y por la creación de una verdadera constitución socialista entre nosotros. El ejército insurreccional de revolucionarios makhnovitsi ha combatido con fervor en numerosos frentes para alcanzar este fin. Termina actualmente y victoriosamente la lucha contra el ejército de Deinikin, liberando una región tras otra allí donde existía la tiranía y la opresión.
Muchos trabajadores campesinos se han planteado qué hacer, qué se puede y qué debe hacerse, cómo comportarse frente a las leyes del poder y de sus organizadores, etc.
A estas cuestiones, la Unión ucraniana de trabajadores y campesinos responderá más adelante, pues debe reunirse muy pronto y convocar a todos los campesinos y obreros. Dándose cuenta de que no se conoce la fecha precisa de esta asamblea de campesinos y obreros ni dónde tendrán la posibilidad de reunirse para discutir y resolver los problemas más importantes, el ejército makhnovitsi considera útil publicar el manifiesto siguiente:

1. Quedan anuladas todas las disposiciones del gobierno de Denikin. Quedan anuladas también las disposiciones del gobierno comunista que se oponen a los intereses de campesinos y obreros. Los trabajadores deberán resolver por sí mismos la cuestión sobre cuáles son las disposiciones del gobierno comunista nefastas para los intereses de los trabajadores.

2. Todas las tierras pertenecientes a los monasterios, a los grandes propietarios y otros enemigos, pasan a manos de los campesinos que viven sólo del trabajo de sus brazos, Esta transferencia debe ser definida en reuniones y por discusiones de campesinos. Los campesinos deberán tener en cuenta no sólo sus intereses personales, sino también los comunes del pueblo trabajador, oprimido bajo el yugo de los explotadores.

3. Las fábricas, empresas, minas de carbón y otros medios de producción son propiedad de la  clase obrera entera, que asume la posibilidad de su dirección y administración, e incita y desarrolla con su experiencia el avance, tratando de reunir a toda la población del país en una sola organización.

4. Todos los campesinos y obreros quedan invitados a construir consejos libres de campesinos y obreros. Serán elegidos solamente en estos consejos los obreros y campesinos que participen activamente en una rama útil de la economía popular. Los representantes de las organizaciones políticas no podrán participar en los consejos obreros y campesinos, porque ello podría ir contra los intereses de los trabajadores mismos.

5. No se admite la existencia de organizaciones tiránicas, militarizadas, que van contra el espíritu de los trabajadores libres.

6. La libertad de palabra, prensa y reunión es derecho de todo trabajador, y cualquier manifestación contraria a esta libertad representa un acto contrarrevolucionario.

7. Quedan anuladas las organizaciones de la policía; en su lugar se organizarán formaciones de autodefensa creadas por obreros y campesinos.

8. Los consejos obreros y campesinos representan la autodefensa de los trabajadores; cada uno de ellos debe, pues, luchar contra cualquier manifestación de la burguesía y los militares. Es necesario combatir los actos de bandidismo, fusilar en el acto a los bandidos y contrarrevolucionarios.

9. Han de aceptarse por igual la moneda soviética y la ucraniana: se castigarán todas las contravenciones de esta orden.

10. Es libre el intercambio de los productos del trabajo o del comercio de lujo, siempre que esté administrado por organizaciones campesinas y obreras.

11. Todas las personas que se opongan a la difusión de este manifiesto serán consideradas contrarrevolucionarias.

Los consejos revolucionarios del ejército ucraniano, primero de enero de 1920. 


Programa-Manifiesto (Abril de 1920)

1. Quienes son los "makhnovitsi" y cuál es la causa por la que luchan:
Los makhnovitsi son campesinos y obreros alzados tras 1918 frente a la brutalidad del poder burgués, alemán, húngaro, austriaco y contr el del atamán de Ucrania. Los makhnovitsi son trabajadores que han blandido la bandera de la lucha contra Denikin y contra toda forma de opresión, de violencia y de mentira, venga de donde viniera. Los makhnovitsi son esos mismos trabajadores, que con el trabajo de toda su vida han enriquecido y engordado a la burguesía en general y hoy a los soviets en particular.

2. Por qué se les llama "makhnovitsi":
Porque durante las jornadas más penosas y graves de la reacción en Ucrania, tuvimos en nuestras filas al infatigable amigo y 'condottiere' Makhno, cuya voz se dejó oír en toda Ucrania protestando contra toda violencia ejercida contra los trabajadores, llamando a todos a la lucha contra los opresores, ladrones, usurpadores y charlatanes políticos que engañan a los trabajadores. Esta voz resuena aún hoy entre nosotros, en nuestras filas, no deja de llamar ala lucha por la meta final: la liberación y la emancipación de los trabajadores de cualquier opresión.

3. Cómo obtener esta liberación:
Echando abajo el gobierno de coalición monárquica, republicana y socialdemócrata, comunista y bolchevique. En su lugar deben elegirse por elecciones libres consejos de trabajadores, que no serán un gobierno con leyes escritas y arbitrarias, pues el sistema soviético no es autoritario. Es la más pura forma de socialismo antiautoritario y antiestatal que se expresa por una libre organización de la vida social de los trabajadores, independiente de las autoridades, una vida donde cada trabajador, aislado o asociado, podrá con toda independencia construir su propia felicidad y su propio bienestar integral, según los principios de la solidaridad, la amistad y la igualdad.

4. Cómo interpretan los "makhnovitsi" el régimen soviético:
Los trabajadores mismos deben elegir sus propios consejos (soviets) que ejecutarán las voluntades y órdenes de estos mismos trabajadores; serán, pues, consejos ejecutivos, y no de autoridad. La tierra, las fábricas, las empresas, las minas, los transportes, etc., la riquezas del pueblo deben pertenecer a los trabajadores que trabajan, deben, pues, ser socializadas.

5. Cuáles son los caminos que llevan al fin de los "makhnovitsi":
 Una lucha revolucionaria consecuente e implacable contra todas las mentiras, contra la arbitrariedad y la violencia, viniere de donde viniere, una lucha a muerte; la libre palabra, acciones justas, una lucha con las armas en la mano.
Sólo suprimiendo todo gobierno, todo representante de la autoridad, destruyendo en su base cualquier mentira política, económica y estatal, destruyendo el Estado por una revolución social, podrá darse un verdadero sistema de soviets de obreros y campesinos, y avanzar hacia el comunismo.


Editado por la sección cultural y educativa del ejército insurreccional makhnovista.  

sábado, 18 de abril de 2015

Eduardo Barriobero y la justicia revolucionaria

Como en los demás ámbitos de la vida política, económica y social, la Justicia también experimentó importantes transformaciones durante la revolución social española. En la vorágine revolucionaria acaecida a partir del 19 de julio de 1936, tras el fallido golpe de Estado, se produjeron varios episodios represivos totalmente deleznables por camarillas de “incontrolados”  que se tomaron la justicia por su mano, incluso desde instituciones como la Consejería de Orden Público de Madrid. Estas situaciones de venganza incontrolada solían responder a viejos conflictos entre muchos individuos con su antiguo patrón o cura del pueblo. A diferencia del bando sublevado, tanto el bando republicano como el anarquista buscaron desde un primer momento poner cerco a estas tropelías, y como en muchos otros ámbitos Cataluña fue la pionera, también lo fue en esto. Fue en la ciudad de Barcelona donde se creó la Oficina Jurídica con un presidente que no pasó desapercibido. Ese hombre fue Eduardo Barriobero Herrán.

En julio de 1936, tras abortar el Golpe de Estado en toda Cataluña, la administración de justicia quedó colapsada, al igual que ocurrió con las demás instituciones políticas del Estado español y de la autonomía catalana. Crear de la nada una justicia proletaria no era tarea fácil. Dicha tarea se dividía principalmente en dos partes: primero, depurar a todos los miembros de la antigua administración que, aunque republicana, no dejaba de ser burguesa.La segunda parte era la más difícil: la construcción de esta nueva justicia. El nuevo órgano judicial nació el 17 de agosto de 1936, y su vida fue muy corta. Tan solo duró tres meses. Las primeras medidas adoptadas por la nueva justicia revolucionaria fueron las de analizar todos los sumarios judiciales abiertos para eliminar aquellos que tuvieran motivación política o social, y percatarse de las fianzas impuestas para que quienes las debieran las hicieran efectivas. Tres fueron los pilares básicos que marcó Barriobero para el nuevo órgano revolucionario: rapidez, imperio y  carácter social. El primero suponía la eliminación de la mayoría de trámites que lo ralentizaban. El segundo significaba la gratuidad total de la justicia. Y por último, el tercero, significaba reparar los desmanes de la justicia burguesa, oficializar nuevos procedimientos y crear una nueva legalidad. El objetivo final de estos tres pilares era la de crear una justicia con la que el pueblo se sintiera identificado y que olvidara así la anterior justicia republicana liberal que tantas injusticias habría provocado y que actuaba de espaldas al pueblo.

Las actuaciones “sociales” de la Oficina Jurídica le fueron creando enemigos. Desde los que veían afectados sus bolsillos por las resoluciones judiciales, hasta los que eran imputados por actuaciones “anti-obreras”. En el primer aspecto estuvo el caso de las aseguradoras que habían cobrado cantidades abusivas a las familias alquiladas. En el segundo,  algunos dirigentes de E.R.C. que tuvieron una fuerte relaciones con el Sindicato Libre antes del fallido Golpe de Estado. La oposición de las aseguradoras extranjeras y los partidos socialdemócratas catalanes acabó provocando el cierre de la Oficina y el procesamiento de Eduardo Barriobero “por evasión de divisas y apropiación de caudales”.
Fue el mítico Andreu Nin, Consejero de Justicia de la Generalitat desde septiembre de 1936, quien más implicado estuvo en la supresión de la Oficina. La mayor parte del movimiento anarquista y sindical del momento consideró este suceso como un gran paso atrás en las conquistas revolucionarias del “corto verano de la anarquía” y significando otro eslabón en la recomposición del Estado.

El procesode Barriobero

Tras el cierre de la Oficina Jurídica, sus distintos miembros fueron enviados a distintos departamentos como la Dirección General de Prisiones o las fiscalías de los Tribunales Populares. Eduardo Barriobero fue propuesto por Juan García Oliver como Fiscal General del Estado, pero tal nombramiento apenas duró un par de horas, pues Manuel Azaña, tras las presiones de E.R.C., impidió que Barriobero ocupara su nuevo cargo.  Eduardo permaneció en Barcelona actuando como abogado de la C.N.T. Problemas empezaron a surgirlw a partir de finales de mayo de 1937: Primero,el consejero de justicia catalana Pedro Bosch Gimpera y su subsecretario Eduardo Ragasolle pusieron en su punto de mira y primeramente intentaron acusarlo de atentado terrorista contra Josep Andreu Abelló, presidente del Tribunal de Casación.Debidoa la falta de pruebas –y la poca credibilidad de tal acusación- la principal acusación contra el abogado cenetista fue la de evasión de capitales y joyas. Desde un primer momento se le retiró el parlamento por riesgo de fuga. Por asuntos de una testamentaría, envió a uno de sus compañeros de trabajo a Francia a realizar unos pagos. Este hecho fue el que desencadenó una denuncia por haber depositado unas joyas en una caja de seguridad del Banco de Lyon (CreditLyonnais). Barriobero fue encarcelado inmediatamente e incomunicado en las dependencias de la Jefatura de la Policía en la por entonces Vía Durruti, hoy llamada Vía Layetana. Estuvo incomunicado durante cuatro semanas, hasta finales de octubre. No se tuvieron en cuenta sus declaraciones donde aseguraba firmemente que el dinero y joyas que había enviado a Francia pertenecían a un testamento que debía entregar a cuatro herederos. Al mes de permanecer en prisión enfermó gravemente,y  al debatirse entre la vida y la muerte fue trasladado al Hospital de Sant Pau,pero incluso con Barriobero en estado moribundo sus enemigos políticos no le dejaron descansar. La C.N.T. tuvo que montar patrullas de control durante diversas noches para evitar que la Guardia de Asalto se lo llevara del hospital. Finalmente, la vista judicial se celebró en noviembre de 1938. Se transportó a Eduardo Barriobero hasta el edificio del Tribunal Supremo en un camión descubierto, fuertemente custodiado, recorriendo las principales calles de Barcelona, como si un trofeo de caza se tratara.
Durante dieciséis días se celebraron las distintas sesiones que determinaron finalmente un veredicto de inocencia por unanimidad. No se pudo demostrar que fuera un evasor de divisas, ya que no había pruebas concluyentes. Además, Barriobero facilitó una memoria de todas sus actividades jurídicas relacionadas con el cobro de multas y honorarios. El juicio a Eduardo Barriobero era un elemento más de la lucha entre el cada vez más recompuesto poder estatal, representado por ERC-PSUC, dueños del control de la Generalitat de Cataluña, y el poder revolucionario nacido a partir del 19 de julio de 1936.

Esperando a la muerte

El 24 de diciembre de 1938 el abogado riojano recibió en el hospital su puesta en libertad,sin embargo, no pudo trasladarse a su casa, a causa de un fuerte resfriado, por lo cual decidió permanecer en el centro hospitalario. Para sorpresa suya, le llegaba una nueva notificación policial donde se le instaba a permanecer en prisión a disposición del Gobernador Civil. Barriobero no podía entender como se le podía seguir persiguiendo de tal manera. Asediado por el republicanismo liberal y abandonado por los que habían sido sus compañeros de revolución. Tanto la CNT como la FAI lo abandonaron a su suerte, por no enemistarse más aún con la Generalitat, sin tener en cuenta sus más de treinta años de militancia revolucionaria.
Entrada ya la Guerra Civil, Barcelona había caído bajo las tropas franquistas, sus enemigos estaban huyendo de España y la ciudad condal se convirtió en un caos. La madrugada del 26 de enero de 1939 un grupo de cenetistas que no lo habían olvidado fueron con un coche para ofrecerle pasar a Francia con ellos. Barriobero rechazó tal ofrecimiento, ya no quería salir de España voluntariamente. Deberían echarlo por la fuerza. Llegó a tal punto su situación que se encontró totalmente solo dentro del hospital, junto a su hijo, y esperando a las tropas franquistas que subían por la Rambla. A la mañana del día 27 abandonó el Hospital General para hospedarse en casa de un antiguo amigo suyo. Cinco días después fue nuevamente detenido, esta vez por las nuevas autoridades franquistas. Un juez militar comenzó a instruir el nuevo sumario utilizando las mismas acusaciones y pruebas basadas en la documentación acumulada durante su primer proceso por evasión de divisas y joyas. Finalmente, el día siete de febrero de 1939 Eduardo Barriobero Herrán fue acusado –y considerado culpable- de masón, defraudador, federalista, defensor de la CNT y de responsable de la muerte de un asegurador que se había suicidado por las multas impuestas por la Oficina Jurídica. La defensa de Barriobero se basó en que las multas impuestas a los derechistas se destinaban íntegramente al esfuerzo bélico del bando republicano. Como ya hizo con las autoridades republicanas, negó rotundamente que tuviera escondidas cantidades ingentes de joyas y lingotes de oro. Pese a esto, la justicia militar no le creyó y Eduardo Barriobero Herrán, quien dio su vida –y su fortuna- por la clase trabajadora, fue fusilado el 14 de febrero de 1939 en el Campo de la Bota. Esta fue la historia de un revolucionario devorado por la propia revolución.

jueves, 9 de abril de 2015

La lucha contra el capitalismo es también contra el especismo

No dejo de pensar en el revuelo que levanta el título de este artículo cada vez que alguien lo pronuncia en entornos conscientes o al menos semi-conscientes de la realidad que nos concierne ahora mismo. "¡Ahuyentarás a la gente!", se oye de fondo. "¡Jerarquía natural!", espetan después. Esto es sólo una lucha terciaria; se basa en la moral de cada une y no debería traspasar ninguna frontera más.

Pero, la verdad, análisis como "vas a dividir al proletariado" ya se escuchan de vez en cuando si se habla de la indisolubilidad entre la lucha contra el capitalismo y la lucha contra el patriarcado, así que en el caso que aquí se expone no hará falta hacer demasiado hincapié. Sin embargo, ¿a qué viene la justificación natural de un fenómeno por parte de personas que suelen desgañitarse destruyendo mitos sobre la inexistente naturalidad de las estructuras sociales?

Aquí reside mi confusión. Pero empecemos por el final, que nos será útil. Solemos decir que la rueda de la historia gira a marchas forzadas en dirección al comunismo. Esto es porque la tendencia inherente del capitalismo es hacia la concentración de capital, es decir, hacia la apropiación cada vez más individual del capital, y a su vez hacia un trabajo cada vez más social (cada vez los trabajadores trabajan para el mismo propietario). Lo que significa que el capital debe tornarse de propiedad social para que podamos avanzar.

Lo que nos interesa aquí es una de las más importantes características que el comunismo deberá contener para ser tal: la abolición de la contradicción de intereses constreñida en la división del trabajo. En capitalismo, por ejemplo, existe la división entre trabajo manual e intelectual en las empresas, pero resulta que quien ostenta el puesto de intelectual es el empresario, y el que ostenta su contrario es el trabajador. ¿Qué sucede? Que hay intereses contradictorios entre esas dos clases sociales. Por lo tanto, será de suma importancia abolir las clases sociales para que, siendo la división del trabajo un motor para avanzar, no se vea envuelta en contradicciones de intereses que impidan tal cosa. Aunque también será vital no reproducir esas clases sociales a través de una división de poderes en las empresas usando el esquema de la división del trabajo.

Así pues, una vez tenemos ésto, podemos entrar en materia. Si tenemos en cuenta que toda opresión tiene su base material en la división del trabajo, ¿por qué no estamos clamando por la liberación animal-no-humana? Sabemos que tanto la ganadería extensiva como la intensiva son dos formas de explotación en las que usamos a los animales-no-humanos para producir cuanto queramos; es decir, somos dueños de sus vidas y además nos apropiamos de lo que producen. Y por si fuera poco, ésto también deriva en su conversión en mercancía y su posterior ingestión por parte de animales-humanos. La contradicción de intereses dentro de la división del trabajo es cristalina.

De esta manera, se hace preciso volver a preguntar: ¿es la lucha por la emancipación animal-no-humana una cuestión moral? ¿Es cosa de hippies? ¿Es ajena a la lucha contra el capitalismo? Está claro que no, pero... que la respuesta quede a cargo de le lectore.

Siendo la moraleja de este artículo tan clara, sólo queda decir que, todo intento de relegar o de seguir relegando esta cuestión a un puesto secundario significará la incomprensión total de la lucha contra el capitalismo; ésto es, o vamos a por todo, o no tendremos nada. Guste o no.

domingo, 5 de abril de 2015

Guerra y Revolución: Joaquín Ascaso, el “primer presidente” aragonés y El Consejo de Aragón

Ante el fracaso del golpe de Estado en gran parte del país, se desencadenó, a partir del 19 de julio de 1936, un proceso revolucionario sin precedentes en la historia de España. El movimiento anarquista vio el momento de llevar a la práctica su ansiada revolución social. Con la colaboración de algunas fuerzas políticas y sociales, y con la oposición de otras, comenzó lo que ha sido el último intento de transformación social, económica y política realizado en Europa, inspirado mayormente en los planteamientos anarquistas. Aún con la férrea oposición a este singular proceso revolucionario por parte del republicanismo liberal y del marxismo mayoritario (PCE-PSUC), no faltaron las propias dificultades desde dentro de las mismas estructuras anarquistas. Como en las demás grandes revoluciones europeas, la revolución social española devoró a algunos de sus hijos. Fue el caso de Joaquín Ascaso Budría. 
Aragón se convirtió en el estandarte máximo de la evolución que experimentó toda la sociedad española a partir del 19 de julio de 1936. No solo por la profundidad a la que se llegó en el proceso revolucionario, sino también por la creación de una institución política encargada de impulsarlo, el Consejo de Aragón. 


Un orden revolucionario 
 Ante el desmantelamiento de toda estructura estatal en la zona aragonesa, el movimiento anarquista tuvo que hacerse cargo de la reorganización de la vida social, política y económica. Los cenetistas comenzaron la reorganización  de la estructura regional en agosto de 1936 en la famosa localidad de Caspe, además de la creación, en Bujaraloz, de la primera gran entidad anarquista dedicada a encauzar el proceso revolucionario, acabar con el vacío administrativo y evitar que Aragón se convirtiera en una “colonia” de la Generalitat de Cataluña, el Consejo Regional de Defensa de Aragón. 
La creación de este Consejo no tuvo un origen únicamente de ideología anarquista. Otros motivos políticos fueron, también, los que suscitaron la necesidad de la creación de este Consejo, como el deseo de paliar las operaciones militares catalanas en suelo aragonés y saldar el vacío administrativo y organizativo existente, sobretodo en la zona rural. El regionalismo “popular” creciente durante esos años en la tierra de Francisco de Goya no se hizo esperar más y se puso manos a la obra. Lo que impulsó este “levantamiento” cantonalista fue la irritación que le provocaba al pueblo aragonés el papel secundario que se les asignaba por una Cataluña directora de la guerra y de la organización social, mientras que ellos proporcionaban mucho más aprovisionamiento y capital humano para la guerra. Al Consejo  se le sumaban nuevas instituciones regidoras de la vida pública que habían surgido de forma casi espontánea ante el vacío administrativo republicano, tales como el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, el Comité de Salud Pública de Málaga o el Comité Ejecutivo valenciano. 
En principio, este nuevo organismo político aragonés no pretendió ser una entidad regional administrativa, sino un organismo que diera respuesta a la nueva situación revolucionaria. Aun así, no se pudo obviar la presencia del Gobierno republicano. Por este mismo hecho la C.N.T. buscó un reconocimiento legal de dicho organismo aragonés. Tal reconocimiento se saldó con la creación del Consejo de Aragón con la presencia de las demás organizaciones que conformaban el Frente Popular, tal consejo quedó compuesto por una mitad cenetista y por la otra mitad compuesta por miembros comunistas, socialistas y republicanos liberales. Este hecho significó que el nuevo organismo fuera adoptando procedimientos administrativos más propios del Estado burgués que no del ideal revolucionario con el que había nacido. Como por ejemplo con la sustitución, en 1937, de los comités municipales, que habían sustituido a los ayuntamientos desde 1936, por Consejos Municipales que tiraron por la borda todos los logros económicos y sociales conseguidos gracias a la colectivización de los medios de producción.  
Hasta su ocupación por parte de las tropas comunistas de Líster en el verano de 1937, en Aragón existieron tres niveles diferentes de poder. El Consejo de Aragón, formado por cuatrocientos delegados de los consejos municipales. En segundo lugar, la Federación Regional de Colectividades, que se encargaba de crear las conexiones locales y comarcales para los asuntos de agricultura y comercio. Y el último escalón de poder lo conformaba la propia estructura anarcosindicalista de la C.N.T. que, con su red de sindicatos, en algunas ocasiones ejerció de árbitro entre los dos anteriores niveles de poder político. 


La colectivización aragonesa y el Consejo de Aragón
El Consejo Regional de Defensa de Aragón se fundó como tal en el Pleno Extraordinario de la C.N.T. de Aragón, la Rioja y Navarra celebrado en la localidad de Bujaraloz el 6 de octubre de 1936. Tal consejo fue compuesto por 174 representantes de 139 municipios y de las milicias anarcosindicalistas que luchaban en el frente de Aragón. En la ponencia del pleno extraordinario se propuso, desde un primer momento, al destacado militante cenetista Joaquín Ascaso Budría como presidente del Consejo de Aragón. Además, para darle pluralidad política a esta nueva institución revolucionaria, se decidió que participaran las distintas fuerzas políticas y sindicales aragonesas en una proporción en la cual de cada 10 representantes, uno fuera republicano y dos fueran de la U.G.T. En un primer momento, ni republicanos ni ugetistas respondieron al ofrecimiento anarquista, así que desde el principio todos los puestos quedaron ocupados por militantes cenetistas. El primer “gobierno” quedó formado por Joaquín Ascaso Budría como presidente, Miguel Chueca Cuartero como consejero de Trabajo, Adolfo Arnal Francia en la consejería de Economía, Francisco Ponzán Vidal en Transportes y Comunicaciones, Miguel Jiménez Herrero como consejero de Información, José Mavilla Villa se ocupó de la consejería de Agricultura, y, por último, Adolfo Ballano Bueno fue el consejero de Justicia y Orden Público. Todos los estos consejeros aragoneses, así como el resto de los 174 delegados que conformaban el Consejo de Aragón, provenían del mundo académico (éstos fuertemente influenciados por las enseñanzas del jurista y economista aragonés Joaquín Costa) y del mundo laboral (camareros, albañiles, etc). 
El Consejo Regional de Defensa de Aragón se presentó desde su primera ponencia como un organismo popular, nacido de la nueva situación revolucionaria y del deseo de emancipación proletaria, decidido a reglamentar la economía y la vida cultural, social y política. Desde un primer momento, este nuevo organismo se topó con la oposición tanto del Gobierno republicano como de la Generalitat de Cataluña. El propio presidente Manuel Azaña, en un alarde del clásico elitismo liberal, despreciaba a esos nuevos consejeros aragoneses refiriéndose a ellos como “trabajadores elevados a ministros”. La campaña comunista, liderada por el Secretario General del PCE en Aragón, no se hizo esperar. No dudaron en aliarse con el republicanismo liberal para catalogar al nuevo “cantón” aragonés como una “nueva Ucrania makhnovista” y una organización apologista del delito, la violencia y el terror. 
El 31 de octubre una comisión del Consejo de Aragón se entrevistó con el presidente del gobierno republicano. De tal reunión nació el compromiso de avalar ‘legalmente’ al organismo anarquista e incorporar las distintas entidades frente-populistas. He aquí la muerte en vida del Consejo Regional de Defensa de Aragón, el cual había nacido como una puesta en práctica de los planteamientos federales libertarios, y que ahora se convertía en una región autónoma avalada por la República y que declaraba a Joaquín Ascaso como “delegado del gobierno”. Aun con la entrada en el CRDA de consejeros de Izquierda Republicana, U.G.T. y P.C.E. la estructura republicana anterior al golpe de Estado no pudo restablecerse, y aun con ciertas renuncias anarquistas, el organismo del Aragón libre siguió con su inmensa tarea de organización de la vida política y social.  

Si la aparición de esta nueva entidad política supuso un viraje radical en la vida del pueblo aragonés, la mayor radicalidad supuso la puesta en escena del proceso colectivista de campos e industrias. La colectivización fue más una necesidad económica que una simple opción revolucionaria. En febrero de 1937, en la famosa localidad aragonesa de Caspe, se creó la Federación Regional de Colectividades.  El buen funcionamiento de la colectivización aragonesa fue tal que se realizaron nuevas construcciones agrícolas y de riego, hospitalarias, educativas y asistenciales, además de proporcionar cantidades ingentes de abastecimiento a los pueblos de la retaguardia de Madrid y Cataluña. 
Tras los sucesos de mayo de 1937 y el fin de la hegemonía anarquista, el 11 de agosto se decretó oficialmente la disolución del Consejo de Aragón por parte del Estado. Las persecuciones, encarcelamientos y asesinatos de militantes anarquistas no tardaron en llegar. El decreto de disolución supuso que la misma madrugada del 10 de agosto de 1937 las 11, 27, 30 y 43 Divisiones del Ejército Popular comenzara a tomar posiciones de ataque. Al mando de estas divisiones estaba el famoso militar comunista Enrique Líster, conocido con el sobrenombre del “asesino de anarquistas” desde que ordenara fusilar a cientos de libertarios castellanos por haber colectivizado zonas de Castilla y León, cosa que había “prohibido” el PCE castellano. El mismo día del decreto de disolución, las tropas de Líster destruyeron por la fuerza todo el progreso revolucionario conseguido hasta entonces en tierras aragonesas, se instaló el nuevo gobernador comunista, José Ignacio Mantecón, se asaltaron los locales de la C.N.T., F.A.I. y F.I.J.L. con la detención de cientos de anarquistas y las tierras e industrias colectivizadas fueron devueltas a sus antiguos dueños o se les asignaron nuevos propietarios. El cambio de situación trajo un gran deterioro de la economía aragonesa y la vida de la retaguardia. Las vueltas de la tierra a propiedad individual provocaron el resurgimiento del caciquismo y el abandono del cultivo de grandes extensiones de tierra. Las estructuras de distribución y comunicación quedaron inutilizadas y se generalizó un despilfarro de recursos y una gran suspensión de casi todas las labores agrícolas. El descalabro llegó a tal punto que el propio secretario del Instituto de Reforma Agraria, el marxista José Silva, reconoció públicamente el error que supuso haber disuelto las colectividades aragonesas. El quebrantamiento de las promesas de progreso social por parte de la república en abril de 1931 tuvo su secuela en agosto de 1937 con el estrangulamiento del proceso revolucionario en Aragón.  La C.N.T. perdió su “feudo” aragonés, su militancia descendió de los 140.000 a 76.000 y el Consejo de Aragón pasó a mejor vida. 

Joaquín Ascaso Budría: El “primer presidente” de Aragón 
Joaquín Ascaso nació el 5 de junio de 1906 en Zaragoza y, como en muchos otros casos, pasaba más tiempo en el exilio y la cárcel que en libertad. Empieza a destacar en la militancia revolucionaria a partir de la proclamación de la Segunda República española y la vuelta de su exilio en Francia. Arduo militante de todas las luchas sociales de la época, participó también en la creación de las Juventudes Libertarias, a cuya directiva perteneció. Además, fue el fundador del “Sindicato de Parados”. Después de 1931 pasó a formar parte del Sindicato de la Construcción, siendo elegido presidente del comité de la sección de albañiles. En el segundo congreso de la C.N.T. aragonesa celebrado en Zaragoza él fue del sector cenetista que pedía una mayor radicalidad en la lucha contra el régimen republicano. Hasta 1934 Joaquín Ascaso supo hacerse un nombre, tanto en las filas de la militancia revolucionaria, como en la propia oposición republicana, lo que le costó que a comienzos de 1933 su nombre fuera incluido, por el gobierno republicano, en la “lista negra” de los anarquistas aragoneses sometidos a arresto en la prisión de Pina de Ebro. 

Joaquín Ascaso y la caída del frente aragonés
Cuando las tropas comunistas y republicanas comenzaban la disolución forzosa del Consejo de Aragón, Ascaso se encontraba en Valencia asistiendo en el pleno nacional de regionales. El día 9 de agosto de 1937 partió dirección a Zaragoza. No había recorrido más de diez kilómetros en su automóvil cuando las fuerzas comunistas le dieron el alto. La orden era clara y concisa, evitar a toda costa que Ascaso estuviera presente cuando comenzara la ocupación de la comuna aragonesa. Mientras el día 11 las unidades militares del Ejército Popular asaltaban la colectividad aragonesa, Joaquín Ascaso ya estaba encarcelado en una celda de la prisión valenciana. Salió en libertad un año después, sin ningún tipo de cargos. Nada más salir de prisión comenzó a cocerse la leyenda del tesoro de Ascaso, desde “La Pasionaria” –y el PCE-, y hasta finales de los años setenta, se mantuvo siempre la versión de que Joaquín Ascaso se había hecho con los “tesoros” de Aragón mientras era presidente del Consejo aragonés y que pasó su exilio en Sudamérica repleto de riquezas y lujos. No fue más que un bulo sin fundamentos: Ascaso sobrevivió después de la cárcel gracias a la ayuda y solidaridad de antiguos amigos. Sin recursos económicos y sin recibir ningún apoyo de los organismos de ayuda a exiliados malvivió cual vagabundo durante toda la Segunda Guerra Mundial. A partir de los años 50 a Joaquín Ascaso se le pierde la pista. Tan solo se sabe que se exilió en 1947 a Venezuela donde vivió hasta su muerte en marzo de 1977 trabajando como conserje de un hotel de Caracas. 


Esta es la historia de cómo un hombre, simple, llano y trabajador como Joaquín Ascaso Budría, pasó de presidente del Consejo Regional de Defensa de Aragón, el que fuera el mayor avance revolucionario de nuestra historia, a vivir en casi la indigencia, exiliado, repudiado y olvidado en el ostracismo. Es por ello que, por deber histórico –y revolucionario-, debemos recordarlo como un hombre que dio su vida por la emancipación de la humanidad bajo la enseña rojinegra.