sábado, 2 de agosto de 2014

Palestina e Israel: raíces y desarrollo de un sangriento conflicto (I)

Se repite la historia cual cuento diabólico sin fin, e Israel, nación dotada con uno de los ejércitos mejor preparados del mundo, castiga una vez más al pueblo palestino mediante bombardeos, asesinatos selectivos y humillantes controles en los checkpoints. Hay más formas de violencia que caen con toda la furia sobre la indefensa población civil árabe, pero las seleccionadas son las que los medios más han dado a conocer. Aun así, y pese a tratarse de un tema de rabiosa actualidad que frecuentemente ocupa las portadas de los grandes diarios occidentales, es importante no dejarse llevar por las siempre peligrosas lecturas del conflicto que algunos periodistas ponen en circulación y que, cómo no, facilitan un posicionamiento favorable a las decisiones tomadas por el gobierno israelí. Para evitar dejarse llevar por este tipo de visiones, es importante conocer bien la naturaleza más íntima de este enfrentamiento. Y para ello debemos ahondar en sus orígenes y analizar las dinámicas ideológicas y geopolíticas que han marcado el carácter del conflicto desde el comienzo del mismo. La intención es ser lo más conciso y riguroso posible; también hay que dejar claro, desde el primer momento, que quien escribe estas líneas no pretende defender la ideología de Hamás ni justificar el integrismo islámico, acusaciones –de escasa calidad, todo sea dicho– que a menudo se les echa en cara a los que denuncian sin tapujos las prácticas del Estado israelí. Si servidor logra que el lector se cuestione las premisas que hasta ahora tenía interiorizadas, reflexione y se informe a través de fuentes alternativas sobre el conflicto, o al menos que introduzca matices en sus planteamientos iniciales, ya se dará por satisfecho.

viernes, 4 de julio de 2014

Desobediencia y protesta social

Ante la escalada de manifestaciones, protestas y movimientos sociales me surge una cuestión de vital importancia: ¿Es legítimo desobedecer?, ¿En un sistema, teóricamente,  democrático es legítimo que el pueblo, o parte de él, “tome” la calle para intentar cambiar unas políticas determinadas? Desde aquí consideramos que es totalmente legítimo protestar y desobedecer a la autoridad cuando vivimos bajo un sistema que mantiene a seis millones de parados, cuando hay cien desahucios diarios, cuando hay más de tres millones de personas en todo el Estado español que viven en la indigencia, es en ese preciso momento cuando más legitimo –y necesario- es protestar y “tomar” la calle.


Si partimos de la base de que realmente no vivimos en un sistema político democrático puesto que no existe una soberanía popular real, desobedecer y protestar se convierte en un legítimo e incluso en un deber de dignidad del pueblo trabajador de todos los rincones del Estado español. En el momento que un Estado vulnera sistemáticamente los Derechos Humanos, o un Gobierno determinado no cumple sus promesas electorales ya vemos como hay suficiente motivo e impulso para que el pueblo, o parte de él, salga a manifestarse a la calle demandando las mejoras que considere oportunas. Llegados a este punto nos puede venir a la cabeza una reflexión interesante: ¿Si hay unas leyes votadas democráticamente por los “representantes” del pueblo, no sería injusto desobedecer a esa legalidad? Ante esa reflexión solo podemos responder diciendo que la democracia sin pan, techo y trabajo es una farsa, una mentira, un teatro y un fraude que no es democracia ni es nada. Es en este punto cuando afirmamos que cuando la ley es injusta, el pueblo está legitimado para tomar la calle una y mil veces.

Otras reflexiones que surgen de los detractores de la desobediencia, es decir, a los manifestantes que tienen todo el derecho a manifestarse y protestar, pero siempre bajo los mecanismos legales y “democráticos”, esto es, siempre bajo la supervisión y vigilancia del Estado y las autoridades. Dicha reflexión es una falacia que lo único que intenta es llevar por unos cauces inútiles para el cambio a las distintas protestas y manifestaciones. Decimos que es una falacia dicha reflexión puesto que si miramos la historia de la humanidad veremos que toda sociedad ha progresado en materia social gracias a la protesta y la agitación popular, y no solo eso, también se ha hecho siempre sin pedir permiso a los “señoritos”. Nunca se ha pedido permiso para cambiar la historia, ¿O acaso pidieron permiso los esclavos de la Antigua Roma para acabar con su esclavitud?, ¿Pidió permiso la naciente burguesía del siglo XVIII para derrumbar el Antiguo Régimen feudal?, ¿Pidieron permiso al Zar Nicolás II el pueblo ruso para cambiar su sociedad e implantar el socialismo?, ¿O quizá pidió permiso la comunidad negra de Estados Unidos para conseguir sus derechos en los años ’60? No, nunca se han conseguido derechos y libertades públicas pidiendo permisos a los amos, señores o Estados que oprimen a la población o a parte de ella.



 En el debate de la desobediencia y la protesta social es imposible no tocar el tema de la violencia. La ideologia dominante, a través de sus medios de comunicación, nos “bombardea” constantemente diciendo que toda protesta y manifestación debe ir por cauces pacificos y no violentos o ilegales, nos dicen también que la violencia nunca es justificable (esto último tiene gracia ya que siguiendo esa lógica, las unidades de antidisturbios de los distintos cuerpos de polícia deberían ir desarmados puesto que nunca se puede justificar la violencia). Bien, hablemos de violencia, ¿Qué es destrozar el cristal de un banco que desahucia a cientos de familias u ocupar por la fuerza pisos vacios propiedad de la banca, comparado con la sistematica violencia policial, institucional y estructural al cual es sometido cada día el pueblo llano? Cuando entre cien antidisturbios de la UIP tiran la puerta debajo de un domicilio para echarla a la calle, eso es violencia. Cuando un grupo de agentes de los Mossos d’Esquadra tortura a un preso y son indultados hasta dos veces por el ministro Gallardón, eso es violencia. Cuando el 22% de los niños asturianos, según UNICEF, vive por debajo del umbral de pobreza, eso es violencia, concretamente de un sistema eocnomico injusto. Podríamos estar horas y horas poniendo ejemplos de violencia a la que es sometida día a día el pueblo, pero lo que queremos decir es que la violencia del pueblo o de los manifestantes no son comparables, ni en número ni en daños, con la violencia que el Estado y el sistema económico capitalista ejerce sobre nosotros y nosotras. Pero mientras sigamos tragando la manipulación mediatica de los grandes medios de comunicación, que sirven a las elites económicas y políticas, y no a medios alternativos, sindicatos de clase y movimientos sociales, entonces seguiremos de rodillas a merced del poder. Porque ya lo dijo en su día Malcolm X: “Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, estos os harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

Ante el momento crítico de crisis económica e institucional, es hora de que el pueblo trabajador tome conciencia de su situación, vea que los que roban de verdad son esos bancos que estafan con las preferentes, y no esos compañeros del SAT (Sindicato Andaluz de los Trabajadores) que expropian en un Mercadona productos básicos de alimentación. Hay que reflexionar ante la creciente criminalización de la protesta y de los movimientos sociales, y desligarse de la manipulación mediática para conseguir la unidad de las clases populares y trabajadoras y de esta manera acabar con la violencia, robo y expolio del pueblo por parte de las elites políticas y economicas.



“La desobediencia, a los ojos de cualquiera que haya leído la historia, es la virtud original del hombre. El progreso ha llegado por la desobediencia, por la desobediencia y la rebelión”. Oscar Wilde. 

viernes, 27 de junio de 2014

Sobre el capitalismo de rostro humano

A los y las idealistas. A los que abogan por un capitalismo de rostro humano.


¿No te das cuenta de que tu idea de mundo ideal está basada en el actual, pero haciéndolo un poco más bonito? Te pondré un ejemplo. ¿Qué pasaría si extrajéramos de tu idea el método de análisis que has seguido y lo aplicáramos a otras épocas? Veamos. Reproduzcamos tu metodología en el feudalismo: yo quiero que todo esté bien, que entre los campesinos y los señores de la tierra haya paz, que el sistema les beneficie a los dos. ¡Y viva el hippie! Sin embargo, no podía ser así. Para que la economía feudal prosperase, los señores de la tierra debían estar contentos. Por eso el sistema les favorecía a ellos.

Ahora vamos un poco más atrás. ¿Qué pasaría si extrajéramos de tu idea el método de análisis que has seguido y lo aplicáramos al esclavismo? Reproduzcamos de nuevo la metodología: yo quiero que todo esté bien, que entre los esclavos y los propietarios haya paz, que el sistema les beneficie a los dos. ¡Yiha! Pero, como en el anterior caso, las cosas no iban exactamente así ni podían ir así. Para que la economía esclavista prosperase, los propietarios debían estar contentos. Y de ahí que el sistema les favoreciera a ellos.
Ahora volvamos a tu idea. Al capitalismo. Sí, no tengas miedo. Y reproduzcámoslo desde fuera: yo quiero que todo esté bien, que entre trabajadores y propietarios haya paz, que el sistema les beneficie a los dos. ¡Y gol por la escuadra! Y ya creo que sabes o te puedes imaginar lo que sigue. Para que la economía prospere, ¿a quién debe beneficiar el sistema? Si tu respuesta es “al trabajador”, vuelve a leer el artículo.
Así que dicho esto, ¿no sería hora de pensar que quizás deberías plantearte que parece ser que siempre hay dos bandos antagónicos e irreconciliables? Pero espera, no te adelantes que viene lo mejor, ¿y si te digo que el objetivo del fascismo era exactamente imponer por la fuerza tu idea? Espero que ahora te estés planteando desde qué bando te estás mirando la historia de la humanidad.
La siguiente pregunta que espero que te hagas podría ser tal que así: ¿y cómo puede ser que esté mirando la historia desde el otro bando y me esté meando en la cara literalmente? Hola, despierta, los medios de comunicación son empresas privadas. No te van a decir que lo mires desde otra perspectiva que no sea la suya, idiota (del griego ἰδιώτης, que no se interesa por la política). Eres tú el que se mea en la cara, no se la van a mear ellos. 
Ahora, aléjate del idealismo que te impregna por un rato (preferiblemente por siempre) y vuelve hacia abajo. Hacia lo material. Hacia el mundo que te dice que “no puedes hacer que dos grupos antagónicos, uno de los cuales tiene estructuralmente el poder, se vuelvan hermanos”. Eso ya se intentó con los procesos nacionalizadores (asignar identidades nacionales) que llevó a cabo el liberalismo político en el s. XIX y posteriormente el fascismo en el s. XX. Y casualmente y por la gracia de dios no beneficiaban a gente como tú sino que beneficiaban al lado de los propietarios una y otra vez.
Así que, como has podido comprobar, el resultado que sale al aplicar tu método de análisis de la realidad a otras épocas es absurdo. O sea que escúchame, si al acabar este artículo sigues en tus trece, plantéate esta última pregunta: ¿estás del lado de la opresión, o del lado de la oprimida? Y entonces vuelve a leer el artículo. Si estás del lado de la oprimida, sólo hay un camino. Presuponer que el capitalismo puede tener rostro humano es no haber entendido ninguno de los modos de producción anteriores a él. 

sábado, 21 de junio de 2014

Sobre el pacifismo o la no-violencia

Son varias las historias que pueden contarte para justificar la táctica única de la no-violencia, pero quizás esas historias son simples ilusiones idealistas. En kntrakultura vimos los mitos sobre Islandia o Gandhi, aunque se podrían ver también algunos más como el logro de los derechos civiles negros, conseguidos después de una revuelta sucedida en numerosos distritos de Estados Unidos y que amenazó con extenderse por toda toda la federación, precedida por la lucha armada del Black Panther Party. Al final EEUU negoció los derechos civiles con los pacifistas, y ya puede verse cuán efectivos han sido esos supuestos derechos.

Un fracaso.

Y lo mismo pasó con los dos ejemplos anteriores, puesto que India pasó a ser controlada por el gobierno británico de forma neocolonizadora; método que le salía más rentable que la administración directa colonizadora.

Estos pacifistas se encargaron junto con los gobiernos de esconder toda la lucha violenta que había provocado cambios, y se alzaron como los adalides de derechos conseguidos, dejando en el olvido a los y las que murieron por luchar por lo mismo que ellos.

Una vez demostrado que la no-violencia o el pacifismo son totalmente inútiles o ineficaces, habría que analizar la posición de la no-violencia en el contexto actual. Dicha posición, hoy en día, implica privilegio. Ya sea desde la posición de clase media, de clase media blanca, de ciudadano blanco occidental, de hombre blanco heterosexual, o sucedáneos.

Actuar de forma pacífica implica dejarlo todo nuevamente en manos de las élites políticas (partidos políticos), puesto que el pueblo no toma partido directamente y son éstas las que deciden qué van a hacer. En cambio, esto no sucede actuando de otras formas que no permitan tanto el libre albedrío de esas élites.

Y ahora vienen las preguntas. Cómo podrá pedirle el pacifismo a un trabajador o a una trabajadora que se deje de violencia cuando la violencia ya la está sufriendo él o ella en sus carnes cuando sus vidas dependen totalmente del beneficio y la solvencia del empresario. Cómo podrá pedirle el pacifismo a una persona negra que se deje de violencia cuando la violencia ya la está sufriendo él o ella en sus carnes cuando el número de presos negros es 6,6 veces superior al número de presos blancos. Cuando se ven obligados a la marginalidad. Cómo podrá pedirle el pacifismo a los trabajadores y las trabajadoras de países subdesarrollados, explotados y expoliados que no se alcen en armas cuando sufren esa violencia diaria. Cómo podrá pedirle el pacifismo a mujeres, transgénero, gays, lesbianas, bisexuales e intersexuales que no usen la violencia revolucionaria contra la opresión patriarcal milenaria. Cómo.

La violencia ya está aquí. Y lo que la no-violencia le está pidiendo a esa gente es que protesten pacíficamente y sin molestar hasta que alguna élite política que represente parcialmente los intereses de esos colectivos gane unas elecciones. Y hasta entonces, que sigan aguantando esas opresiones.

Es decir, la actitud pacifista es una actitud de privilegio. Y la conclusión es que del privilegio nace la opresión y la perpetuación de ésta. El pacifismo es la complicidad con la opresión.

"La gente de Irak tampoco debe defenderse. Sólo si 
mueren como civiles sus muertes serán contabilizadas y lloradas por lxs activistas 
pacifistas blancxs que, el día menos pensado, lograrán llevar adelante una protesta 
lo suficientemente grande como para detener la guerra. " (Peter Gelderloos)

sábado, 24 de mayo de 2014

¡Al ladrón! ¡Al ladrón!

Nos han acostumbrado a pensar que la única manera de combatir la delincuencia y la criminalidad es castigando a los que infringen la ley mediante penas de cárcel o multas. Parece que la mayoría de personas de nuestra sociedad, sin cuestionar el sistema penitenciario ni las condiciones socio-económicas de las distintas capas de la sociedad, piensa que lo más efectivo contra la delincuencia es meter al maleante en una celda hasta que redima sus pecados e incluso pensarán, muchos y muchas, que a la prisión solo van los malos, sin distinción de clase o raza.

Originariamente la cárcel surgió como método de custodia del detenido hasta que llegara el día del juicio, no es hasta el siglo XVI cuando la prisión aparece como forma de pena y de castigo y se afianza la idea de re-inserción o re-educación social del detenido. Hoy en el Estado Español seis de cada diez presos son inmigrantes y gran parte de los reclusos cumplen condena por delitos relacionados con la droga, es decir, gente que viene de estratos marginales de la sociedad. Sin embargo, un tercio de la población reclusa vuelve a reincidir una vez han sido puestos en libertad, lo cual deja muy en entredicho la eficacia de la “re-inserción social” y del propio sistema penitenciario.  Entonces alguien se puede preguntar: ¿Y para qué sirven las cárceles? Bien, pensamos que las cárceles tan solo sirven para poco más que destruir –y deshumanizar- a las personas que entran en ella y no para el objetivo que le marca la propia Constitución Española que es el de la re-inserción social del preso o presa.

Tanto la delincuencia como la gente que acaba entrando en la cárcel tiene una base económica concreta, es decir, que es un engaño aquello de “a la cárcel van los malos” ya que no se cumple siempre. A lo que nos referimos es que las cárceles son grandes basureros donde se mete, mayormente, a gente proveniente de las clases sociales más bajas y humildes y encerrando a esta gente se consigue, entre otras cosas, el mantenimiento del bienestar de las clases privilegiadas. Es como si no se castigara al que roba, sino que solo se castiga al que roba mal, mientras que el que roba “bien”, en grandes cantidades y con ayuda de los poderosos, además de no entrar en prisión, gozará incluso de ciertos honores y reconocimiento social. Hemos dicho que la mayoría de población reclusa proviene de las clases más humildes y populares de nuestra sociedad, ¿por qué? Si reflexionamos podemos llegar a la conclusión de que aquellos sectores de la sociedad que han padecido –y padecen- los estragos de la desigualdad económica, desigualdad educativa y marginación social acabarán delinquiendo, no por vicio o placer como pueden creer “los de arriba” sino como una mera forma de sobrevivir. Entonces, a propósito del perfil social mayoritario que accede en las prisiones, ¿Quién va a la cárcel? Consideramos que a la cárcel siguen yendo los mismos de siempre, es decir, los pobres. Había una frase pintada en la pared de una cárcel de Madrid del siglo XIX que decía: “Este sitio donde reina la tristeza, no se castiga el delito, se castiga la pobreza”. Es más fácil que vaya a la cárcel el “camello” del barrio que el gran narcotraficante, es más fácil que vaya a la cárcel el ladrón que roba comida en un supermercado para poder comer que el político o gran empresario que roba al pueblo. Si nos atenemos a las estadísticas, podremos ver que la mayoría de delitos son contra el patrimonio y la propiedad, por tanto si viviéramos en una sociedad donde la desigualdad social y económica no existiese o se viera reducida a máximos históricos podríamos contemplar como todos esos delitos se verían reducidos a cero. ¿Qué podemos hacer para paliar y reducir el delito? Por mucho que el Estado quiera combatir la criminalidad mediante la fuerza, la policía y las cárceles, sino se acaba con las condiciones económicas y sociales que provocan la delincuencia, todo intento será en vano. En cambio si el Estado utiliza más su mano izquierda invirtiendo más en sanidad, educación pública para todos y todas, invirtiendo en protección social, porque sabemos que la exclusión social y el delito son dos conceptos que van de la mano siempre. Y la prueba está en que todos aquellos Estados que utilizan más su mano izquierda (servicios sociales, educación para todos y todas etc.) resultan tener menos delincuencia y menos presos, mientras que países como el Estado Español, siguen respondiendo con su mano derecha (más policía, más cámaras, más cárceles)  y su resultado no es para nada menos delincuencia ni menos presos sino todo lo contrario.

¿Cómo actúa el Estado español? Gastando más dinero público en incrementar el número de policías y de cámaras de “seguridad”. Argumentan que lo hacen por nuestro bien y para combatir los altos índices de criminalidad, pero ellos saben realmente que no es así, saben que con puño de hierro se puede acabar con las personas que provocan delitos, pero no podrán acabar con las desigualdades que provocan esos delitos. El Gobierno español ha considerado primordial para el “bienestar” de su población aumentar la vídeo-vigilancia y la creación de campañas de concienciación y control policial.

A modo de conclusión tan solo nos resta decir si queremos acabar con los altos índices de delincuencia y criminalidad deberemos atacar de raíz las condiciones que provocan el delito, es decir, acabar con la desigualdad económica y educativa que sufren los sectores más humildes de nuestra sociedad. Y que mientras desde el Gobierno se siga actuando con mano derecha no se solucionará nada, sino que la delincuencia y la criminalidad se verán mantenida en su mismo nivel e incluso aumentará.


“Las cárceles no son más que el basurero de un proyecto socio-económico  determinado al cual arrojan a todas aquellas personas que molestan dentro de la sociedad. Por eso las cárceles están llenas de pobres”.  Xosé Tarrio Gonzalez (preso anarquista muerto en prisión el año 2005). 

sábado, 10 de mayo de 2014

Sobre la abstención

Se acerca el 25 de Mayo y con él las elecciones al parlamento europeo. Empiezan ya las campañas electorales de los partidos nacionales adscritos a partidos europeos, que no han hecho esperar al electorado y han atacado ya ferozmente a la abstención.

Pero, ¿cuáles son los argumentos que usan contra ella? Básicamente todos se basan en: la abstención no computa, luego no incide en la conformación de las instituciones, y posteriormente, ningún régimen ha sido derrocado por medio de la abstención electoral.


El primer argumento es legitimador del sistema político liberal-representativo y parlamentario. Precisamente, con la abstención activa, se pretende no participar en la formación de las instituciones. ¿Qué régimen político-económico ha sido cambiado desde dentro y por elecciones? Ninguno. Ahora bien, desde fuera, han sido muchos los que han sido destruidos, lo que invalida a su vez el segundo argumento. Claro que la abstención activa ha derrocado regímenes. La organización al margen de las instituciones ha acabado en vastas ocasiones con el capitalismo y el sistema político liberal-representativo y parlamentario. Ejemplos hay muchos. Demasiados.


Se pueden ganar unas elecciones, lo que no significa que se haya ganado el poder. Éste, en la Unión Europea, lo ostentan más de 50 grupos de presión formados por grandes y medianos empresarios que, debido a la contradicción palpable de intereses entre empresarios y trabajadores, se benefician a ellos mismos. O lo que es lo mismo, el poder económico europeo ha monopolizado el poder político. Es decir, incluso aunque llegase un partido anticapitalista al poder de la Unión Europea, no podría reformarla de modo que suprimiera los privilegios de esos empresarios, puesto que son ellos los que tienen el poder.

Una vez aclarado esto, el último y más sonado argumento en contra de la abstención ha sido que ésta favorece a los partidos mayoritarios (Partido Popular Europeo y Partido Socialista Europeo). Y de hecho es cierto, pero como ya habrá podido observar la lectora, incluso aunque las elecciones las ganara un partido anticapitalista, el poder seguiría siendo inaccesible. Y aunque las ganara un partido socialdemócrata, el poder seguiría estando en manos de las élites económicas europeas. Con lo cual, ese argumento se convierte en oportunismo electoral, puesto que en el caso de que no ganaran esos partidos europeos, tampoco se conseguirían cambios.

En conclusión, una alta participación electoral no significaría cambio alguno. En cambio, la abstención sí. No porque condicione la formación de las instituciones o deslegitime el sistema político-económico, sino porque la abstención convertida en organización es un acto revolucionario. Y la revolución es cambio. Es boicot.

miércoles, 30 de abril de 2014

Corea del Norte: mitos y democracia

Son ya muchos los mitos que corren por Occidente sobre la República Popular Democrática de Corea y su supuesto régimen hermético-militar. Lo cual de primeras supone una gran contradicción, puesto que si fuera un régimen hermético, ¿cómo se tiene acceso a lo que sucede dentro del Estado norcoreano y de dónde salen tantas noticias sobre el país? Pequeños matices que se escapan entre los medios de comunicación.


Corea del Norte es una república socialista semi-presidencialista. Esto significa que el presidente de la república o jefe de estado (presidente del presidium de la asamblea suprema) es elegido por la asamblea suprema, que a su vez es escogida junto al primer ministro (presidente del gobierno) directamente por el pueblo.

Ahora mismo quien ostenta la presidencia de la república es Kim Yong-nam, y el presidende del gobierno (premier) es Pak Pong-ju.

El puesto de Kim Jong-un, del que tanto se habla, es el de primer presidente de la comisión nacional de defensa de Corea del Norte, lo que significa, ni más ni menos, que es el comandante supremo del ejercito popular de Corea. Que es también ratificado cada 5 años (junto a la nueva asamblea suprema). Y por supuesto, no tiene poderes administrativos(1). Es decir, Kim Jong-un no es ningún dictador. De hecho, si entráis a wikipedia en la sección líder supremo, os redireccionará a presidentes que ha tenido la república. Cuyo puesto, como ya hemos visto, no lo ostenta él. También podéis ver los presidentes aquí.

¿Por qué ese culto a la personalidad, entonces? Bueno, de hecho, no existe un culto a la personalidad diferente al que podría haber en EEUU con el presidente Obama. O con Lincoln o Jefferson. Cada estado crea unos símbolos nacionales que vinculen su territorio con una historia. La diferencia radica en que el culto en EEUU es político (presidente) e interclasista (se usa para mantener a la nación unida), y en el estado norcoreano es proletario y cultural. Es decir, el budismo, taoísmo y confucionismo mezclados en todo el continente asiático (no sólo en dicho estado), provoca que la población tenga un padre espiritual. Una guía. Lo cual no significa que no podamos tener una opinión crítica con esto, siempre al márgen de juicios eurocentristas.

¿Cómo se articulan las elecciones que comentaba antes? Fácil, todos los ciudadanos del Estado pueden presentarse en su distrito (todo el estado se divide en pequeños distritos), sin importar el partido al que pertenezcan. Ya en esos distritos, la población se reúne en asamblea y debate qué candidato presentan (por medio de votaciones secretas). Es decir, se usa el método de la democracia directa y asamblearia. Una vez decididos todos, se elabora una lista donde están todos los candidatos elegidos en los distritos, y el día de las elecciones se vota esa lista. Si se da el caso de que es rechazada, se procedería a hacer el mismo procedimiento.

Normalmente, siendo el Partido del Trabajo de Corea el partido de la revolución norcoreana, es causal que la mayoría de diputados de la asamblea suprema del pueblo sean de dicho partido. Esto no significa que sea el único, puesto que en Corea, todos los partidos legales están unificados en el Frente Democrático para la Reunificación de la Patria. Tal frente está formado por el Partido del Trabajo de CoreaPartido Social Demócrata de CoreaPartido Chondoísta Chong-u, junto a otros, con el objetivo de reunificar Corea y llevar el socialismo a todo el país.


Como puede verse, en la República Popular Democrática de Corea no existe ninguna supuesta dictadura. Conviven varios partidos en la asamblea suprema del pueblo y los candidatos son escogidos siguiendo el principio de la democracia directa. De hecho, como ya se ha podido observar, en los debates distritales para las elecciones, no siempre se elige a alguien del PTC.


Como añadidos, la prensa es pública, puesto que es un régimen socialista, es decir, propiedad de los trabajadores y las trabajadoras de toda la república. Organizada por gremios, todos ellos tienen su propia asociación comunicativa gestionada asambleariamente. No sucede pues, como en Occidente, que la información que da la prensa es la voluntad del dueño de la prensa. Y la red de internet es de libre acceso en las universidades. Fuera de ellas, debido al gran gasto que supone para el Estado provocado por el bloqueo económico al que se enfrenta Corea del Norte, existe una intranet que se va actualizando con todo lo que puede cogerse de la red libre.

Del supuesto hermetismo, se puede observar en un programa de televisió de Catalunya llamado Afers Exterios como los alumnos universitarios de Corea del Norte están perfectamente informados de lo que sucede en el estado español, por poner un ejemplo.

En conclusión, la República Popular Democrática de Corea supone hoy por hoy un lugar del que se vierten muchas mentiras fácilmente refutables, como se ha podido ver. Occidente, en cambio, sigue siendo un lugar que es capaz de todo para defender sus intereses.
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lunes, 21 de abril de 2014

¿Es el Estado español un Estado fascista?

Semanas atrás me he encontrado con un debate que, al parecer, lleva años sin ser resuelto, o al menos la existencia de una opinión compartida brilla por su ausencia. La cuestión de la que hablo es si España es un estado fascista o no lo es.

Mi intención con este artículo no es responder directamente a la pregunta, sino exponer argumentos clave para que la lectora llegue a una conclusión propia, en base a la reflexión.


Empecemos por esclarecer si el estado español es una democracia. ¿Puede un Estado tener una democracia transversal? ¿Una democracia que favorezca a todas las clases sociales? La respuesta se encuentra en el sistema económico. No puede haber una democracia transversal puesto que el sistema económico no favorece por igual, en términos de poder, a las dos clases sociales más importantes. Habrán propietarias y no propietarias. Accionistas y trabajadoras. Y si lo importante es que haya un desarrollo del sistema productivo y una cubierta de necesidades, dentro de un régimen de propiedad privada, el estado tendrá que favorecer a ésta, en vez de a la propiedad pública o autogestionada. Tendrá entonces más poder la propietaria que la trabajadora, puesto que la primera es la que va a tirar el Estado adelante usando la fuerza de trabajo de la segunda.


Aclarado ya que la democracia no puede ser transversal, sino que ha de ser obligadamente una democracia de clase, a España le toca por sistema económico la democracia burguesa, puesto que el sistema económico no favorece a la clase trabajadora, sino a la clase propietaria.

Pero, ¿es el estado español una democracia burguesa? ¿Existe una competencia de intereses dentro de la burguesía que haga que haya una competencia entre partidos representantes de diferentes intereses dentro de la clase propietaria? De nuevo, la respuesta es no. La clase propietaria está unida en la patronal. En todos los sectores hablamos de oligopolios, monopolios y oligarquías. ¿Qué significa eso? Que uno o muy pocos propietarios pactan los precios. Que hay una alta concentración de capital, y los medios de producción son propiedad de muy poca gente. Es decir, los diferentes 'capitalismos' (industrial, bancario, comercial) se han anexionado y han pasado a tener un sólo interés, el financiero. Así, observamos como la oligarquía toma el poder del Estado a través de la financiación política, y el necesario vínculo económico (pues recordemos que el Estado capitalista debe favorecer necesariamente a la clase propietaria), lo que a su vez significa que la legalidad pasa a ser monopolio de dicha oligarquía, y deja de ser una legalidad genérica burguesa. Concluyendo en un bloque hegemónico de poder en el que los partidos legales representan los intereses de dicha oligarquía.
El reflejo de esto se ve en el sistema político. ¿Hay diferencias sustanciales económicamente entre el PP y el PSOE? ¿O sólo tienen diferencias en materia social? Efectivamente: dos partidos, una política económica, y una ley electoral que, debido al reparto mínimo de diputados por circunscripción, mantiene un bipartidismo superestructural que protege al régimen.

Vemos, pues, que el estado español no es una democracia burguesa. Pero eso no lo convierte directamente en un estado fascista. Lo convierte, de momento, en un capitalismo monopolista de estado. Es decir, que las propietarias tienen el poder político. Que la infraestructura (sistema económico) ha colapsado la superestructura (sistema político).

Llegados a este punto, es necesario volver a plantear la pregunta que enuncia este artículo: ¿es el estado español un estado fascista? Lo que a su vez provoca que tengamos que plantearnos otra pregunta más de base: ¿qué es el fascismo? lo que se transforma en ¿cuál es su característica principal?
Responderemos la pregunta por eliminación. ¿Es la característica principal del fascismo su represión? No, puesto que ésta existe si las circunstancias lo demandan. En el estado español, por ejemplo, la represión fue muy dura en la posguerra y en el posfranquismo (transición). Por lo que ésta dependerá del peligro que corra la clase dominante o clase propietaria. ¿Es la característica principal del fascismo su sistema económico? Tampoco, puesto que tanto la Alemania nacional-socialista, como la Italia fascista, como la España franquista, escogieron derivas económicas distintas y que cambiaron a medida de las circunstancias de la clase dominante. Esto, en el estado español, es prácticamente palpable, primero con el periodo de autarquía, después, en cambio, con el tecnócrata.

Entonces, ¿qué característica principal queda si no es la represión o el sistema económico? El origen del fascismo, y el sistema político. Todo régimen fascista comparte el origen y su sistema político: el estado corporativo. ¿Cuál es el origen del fascismo? La crisis del capitalismo, el peligro de que la clase propietaria perdiera su poder, el ascenso del movimiento obrero.

En el estado español, después de que el frente popular ganara las elecciones en la II República, el fascismo llegó al poder de la mano de Franco después de una cruenta guerra nacional revolucionaria que él ganó. El contexto internacional fue de crisis del capital, y en concreto en España crisis profunda y victoria de un frente formado por comunistas, republicanos de izquierda y hasta anarquistas.

La otra característica principal es el sistema político, que tampoco cambió en los regímenes fascistas: el estado corporativo. Dicho estado estaba formado por la corporación política, la sindical, la patronal, la militar, etcétera, en el que los individuos quedaban relegados a un segundo plano y eran las corporaciones las que se encargaban de negociar los asuntos sociales.

En el estado español vemos algo muy interesante, y es que la transición no fue una ruptura, pues no se llamó a una asamblea constituyente. No se convocó ningún proceso popular que rompiera con las élites fascistas, sino que fueron las élites fascistas las que crearon el proceso constituyente. La transición, pues, fue una reforma del franquismo. Unos pactos entre élites políticas. Por tanto, la base franquista quedó ahí. Fue una reforma necesaria para poder entrar en la Unión Europea (ya que sus estatutos prohibían la entrada de un estado formalmente fascista) y que la tasa de ganancia de la clase dominante no se estancara.

Y finalmente, también podemos observar algo, y es que en el estado español, existe una corporación política (bipartidismo superestructural y monarquía), una corporación sindical (los dos sindicatos representativos [CCOO y UGT], que en realidad sólo agrupan a una muy pequeña parte de la clase trabajadora, alrededor de un 5%), y la corporación patronal. Y son estas corporaciones las que entre ellas negocian, al margen de la ciudadanía, todos los asuntos del estado. Son entes financiados por él mismo. Así como también puede observarse que el corporativismo en añadido podría ser consecuencia directa de la gran concentración de capital en el estado.

La conclusión, como quedó anunciado al principio, queda a cargo de la lectora.

domingo, 20 de abril de 2014

El Estado burgués y la clase trabajadora

Una vez finalizadas las revoluciones burguesas o los pactos entre nobleza y burguesía para que esta última se erija como nueva clase dominante y se apodere del Estado tenemos una nueva forma de organización política que como diría Engels, “(El Estado moderno) no es sino un comité que administra los problemas comunes de la clase burguesa”. Pero si consideramos el punto de vista desde la clase oprimida, el Estado burgués y el Estado absoluto tienen muy pocas diferencias. La diferencia entre estos dos tipos de Estados, para la clase trabajadora, es la misma que para un pájaro el cambio de una red en la que está atrapado a una jaula un poco más grande, por tanto para la clase obrera, el cambio de un Estado a otro o supone más que el ensanchamiento de la jaula donde está presa.



Vayamos a analizar las características y diferencias de cada Estado. Bajo el Estado absoluto tenemos una clase social dominante que es la nobleza (y el clero) pero que se “esconden” detrás de un monarca absoluto que es quien, en definitiva, es catalogado como el pilar central del Estado y la sociedad. ¿Cómo se ve la clase trabajadora ante la nobleza y el monarca? Pues las masas trabajadoras se ven en condición de servidumbre hacia sus inmediatos superiores sin opción de rechistar ni razonar. Característica de este Estado es que la violencia autoritaria y explotadora de la nobleza hacia la masa obrera es totalmente visible, descarada y abierta. He aquí una de las principales diferencias con el Estado burgués, donde la explotación y opresión hacia la clase trabajadora está casi perfectamente enmascarada, primeramente escondida tras un Parlamento y Gobierno elegidos “libremente” por el pueblo mediante el sufragio universal. La burguesía explota y controla a la masa trabajadora de una manera mucho más sutil que la nobleza/monarca absoluto escondiendo la explotación tras un tupido velo de “libertad” y “derechos”.

En la sociedad capitalista, el poder supremo y la soberanía recae sobre el Parlamento. Mientras en un Estado absoluto las clases oprimidas recibían directamente ordenes desde la nobleza o el clero sin posibilidad de discusión y con castigos severos si se oponía resistencia, en el Estado burgués a las clases populares se les pregunta cada cuatro o cinco años a quien quieren enviar al Parlamento para ser “representados”.  ¡Que honor! ¡Estos burgueses nos dejan elegir cada cuatro años a nuestros nuevos amos! Alguien puede llegar a preguntarse la siguiente cuestión: “¿Pero por qué la burguesía deja que las clases populares voten libremente si pueden votar a partidos o representantes comunistas o campesinos?”, la respuesta es bien sencilla, la burguesía sabe que gracias a su control de los medios de comunicación pueden hacer que la inmensa masa obrera acabe votando a partidos que realmente mantienen el statu quo capitalista y no ponga en peligro los privilegios y poderes de la clase burguesa. La burguesía sabe que pasará esto, sabe que los resultados de las elecciones no cambiarán nada y es por esto que prefieren dejarnos votar antes que ejercer una violencia directa y descarada contra las masas populares.  Es más cómodo y efectivo que sean las masas populares elijan a sus opresores para que así se creé una falsa –pero reconfortante- ilusión de libertad. ¿Pero qué ocurriría si por motivos X la clase obrera votara y diera mayoría a partidos y representantes netamente socialistas que defienden los intereses del proletariado y quieren acabar con el orden burgués? Pues veríamos, como se ha visto a finales del siglo XIX y siglo XX que las fuerzas imperialistas y capitalistas –tanto nacionales como internacionales- sacarían a la luz su cara más brutal y violenta para sofocar cualquier indicio de cambio en el sistema capitalista. Es únicamente en periodos prerrevolucionarios o en momentos de crecimiento de organizaciones y partidos revolucionarios donde la burguesía se quita sus ropajes democráticos y saca a relucir las fauces del fascismo y de una violencia descarada contra las masas obreras y campesinas.  Así pues podemos afirmar, como ya lo hizo en su momento el economista soviético Yevgeni Preobrazhensky, que el Parlamento es un instrumento necesario de la burguesía para engañar al pueblo.

A modo de conclusión podemos afirmar que la diferencia entre el Estado burgués y el Estado absoluto radica en que la violencia del primero está mejor disimulada y enmascarada detrás de “libertades” y “derechos” que la del segundo.  Para el capitalista, la diferencia entre un Estado absoluto y un Estado burgués es abismal, pero para el obrero, para la clase trabajadora, la diferencia entre estos dos tipos de Estados la diferencia es ínfima.

“La diferencia entre la autocracia de la nobleza y el Estado burgués se resume en tres palabras: La jaula es más amplia, el látigo más liviano y los golpes se dan previo acuerdo de la constitución”. Yevgeni Preobrazhensky


miércoles, 2 de abril de 2014

Kronstadt: La rebelión silenciada


En este presente artículo vamos a recuperar una de esas intensas historias que aún no han sido arrojadas a la luz, al menos no para la mayoría de la sociedad. El tema que hoy nos concierne es la Rebelión de Kronstadt, y algunos preguntarán ¿y eso qué es? Bien, pues dicha rebelión fue un intento fallido de revolución anarquista (o contrarrevolución según los marxistas) contra el bolchevismo imperante y vencedor de la nueva URSS.


La derechización y la deriva autoritaria de la URSS ocasionó el descontento de parte de la clase obrera rusa, principalmente a aquellos elementos anarquistas, consejistas y demás libertarios que habían luchado durante la Revolución Rusa de 1917 y que soñaban con la implantación de un nuevo sistema caracterizado por la libertad y fraternidad de una clase obrera que llevaba siglos oprimida por la burguesía, algo que parecía no vislumbrarse en la nueva Unión Soviética. Fue entonces cuando, desde el 7 de Marzo al 17 la pequeña ciudad marinera rusa de Kronstadt (situada en la Isla Kotler a 30 Km de St. Petesburgo) vivió su particular revolución contra toda tiranía y autoridad marcada por los ideales anarquistas.

Esta rebelión la protagonizaron los marineros de Kronstadt, en su mayoría anarquista y “y siempre a la izquierda del comunismo y no a la derecha” como algunos bolcheviques intentaban hacer creer para desprestigiar esta rebelión. La población de esta pequeña ciudad marinera se levantó contra la URSS principalmente porque para ellos no era –el Gobierno- suficientemente soviético. El lema de los marinos era el de “Todo el Poder para los Soviets” ya que creían que la URSS se aburguesó demasiado rápido y privó de gran poder a los consejos y soviets repartidos por todo el nuevo Estado. Ante los primeros amotinamientos y barricadas de los marinos la respuesta militar por parte de un Ejército Rojo dirigido por León Trotsky no se hizo esperar, aunque primeramente no sirvió de mucho ya que los trabajadores de Kronstadt resistieron de manera heroica.

El antecedente a esta rebelión vino un mes antes, en Febrero de 1921 cuando los obreros de la ciudad se declararon en huelga general en motivo de queja por el mal repartimiento de víveres y productos básicos que necesitaban lo cual provocó los primeros arrestados. Fue entonces cuando el uno de marzo de 1921 la asamblea de trabajadores de Kronstadt envió a St. Petesburgo un documento con sus demandas sociales. Las exigencias de los marineros hacia el Gobierno eran principalmente la nueva elección de los Soviets ya que consideraban que estos no representaban los verdaderos anhelos de campesinos y obreros y que se dejara plena libertad para hacer propaganda antes de estas nuevas elecciones. Pero las demandas y exigencias no se paralizaban aquí, se iba más allá, los obreros pedían la libertad de reunión para los sindicatos industriales,  organizaciones campesinas y libertad de prensa para anarquistas y demás sectores revolucionarios de la izquierda no bolchevique, libertad para todos los presos campesinos y obreros arrestados a raíz de la huelga general de Kronstadt, nombrar una nueva comisión especial que revisara los procesos de los presos políticos que había en las prisiones soviéticas, la supresión del control policial en las estaciones de ferrocarriles que incautaban los vivieres que el Estado no vendía ni compraba, que los campesinos puedan tener haciendas propias siempre y cuando no tengan asalariados trabajando para ellos y finalmente la libertad de trabajo a domicilio mientras no se emplearan asalariados. Estas exigencias fueron un intento en vano de democratizar el régimen bolchevique que se olvidaba de la democracia obrera para abrazar el centralismo burgués, lo que acabó por tachar esas demandas que pedían aquellos marinos de la ciudad rusa de Kronstadt de “contrarrevolucionarias”. Sin duda alguna la paciencia de muchos sectores obreros y campesinos soviéticos se había agotado, estaban cansados de un Gobierno demasiado violento y coactivo que parecía evitar la llegada de aquel nuevo sistema por el que se había producido la Revolución Rusa de 1917. La intención de los marinos de la pequeña ciudad rusa era poder causar otra revolución, pero esta vez una revolución social que llevara a la clase obrera a vivir un “verdadero” socialismo. Según los obreros de Kronstadt, el Partido Comunista detentaba el poder político dejando de lado a los obreros y campesinos, mientras obraba en su nombre, como si un “neo-feudalismo” se hubiera instalado bajo el nombre de “comunismo”. El entusiasmo era tal que algunos idealistas llegaban a vislumbrar una nueva revolución que acabara con la autoridad y esa “comisariocracia” que parecía oprimir de nuevo a la clase trabajadora y que por fin se lograría el verdadero poder para el Pueblo, el verdadero poder para los Soviets.

Como era de esperar, el Gobierno bolchevique utilizó todas sus armas militares y propagandísticas para derrotar y desprestigiar a esta nueva rebelión.  Lo primero que hizo la maquinaria de propaganda soviética fue intentar hacer creer al resto de población soviética que dicha rebelión era realmente una contrarrevolución liderada por los “blancos” y demás sectores reaccionarios enemigos de la clase proletaria, nada más lejos de la realidad. Los marinos de Kronstadt rechazaron siempre toda ayuda reaccionaria, cuando llegaron las noticias del levantamiento obrero a París, los capitalistas rusos allí exiliados ofrecieron cantidades ingentes de dinero a los sublevados, dinero que rechazaron desde el primer momento. Cuando los antiguos oficiales zaristas, también exiliados, que habían conseguido exiliarse contactaron con los rebeldes de Kronstadt para ofrecer sus servicios militares, los primeros volvieron a responder de manera negativa.

Ante este ataque, los comités revolucionarios de Kronstadt se apresuraron rápidamente a publicar los nombres y profesiones de todos los miembros de esta nueva rebelión para confirmar que se trataba de verdaderos revolucionarios, obreros, marinos y campesinos que querían acabar con la autoridad y opresión.  “Estamos firmes para la causa que hemos hecho nuestra de liberar al pueblo del yugo que el fanatismo de un partido comunista le impuso, y moriremos gritando: ‘¡Vivan los soviets libremente elegidos!’ Que lo sepa el proletariado del mundo entero. Camaradas, necesitamos vuestra ayuda moral. ¡Protestad contra los actos terroríficos de los autócratas comunistas”. Estas consignas –y similares- rezaba el diario soviético “Novi Put”.

El 17 de Marzo de 1921 todo acabó, aquel sueño de revolución social sucumbió ante la feroz fuerza militar del Ejército Rojo. Nadie compendió la verdadera importancia de la causa por la que murieron todos esos hombres y mujeres. Al menos los hombres y mujeres caídos en la Comuna de París acabaron en el corazón de todo el proletariado mundial del momento, en cambio los hombres y mujeres caídos en Kronstadt fueron recordados como traidores de su clase social y como contrarrevolucionarios sin que nadie conociera realmente las causas que los llevaron a la muerte y su último llamado de socorro solo halló oídos sordos.