jueves, 9 de abril de 2015

La lucha contra el capitalismo es también contra el especismo

No dejo de pensar en el revuelo que levanta el título de este artículo cada vez que alguien lo pronuncia en entornos conscientes o al menos semi-conscientes de la realidad que nos concierne ahora mismo. "¡Ahuyentarás a la gente!", se oye de fondo. "¡Jerarquía natural!", espetan después. Esto es sólo una lucha terciaria; se basa en la moral de cada une y no debería traspasar ninguna frontera más.

Pero, la verdad, análisis como "vas a dividir al proletariado" ya se escuchan de vez en cuando si se habla de la indisolubilidad entre la lucha contra el capitalismo y la lucha contra el patriarcado, así que en el caso que aquí se expone no hará falta hacer demasiado hincapié. Sin embargo, ¿a qué viene la justificación natural de un fenómeno por parte de personas que suelen desgañitarse destruyendo mitos sobre la inexistente naturalidad de las estructuras sociales?

Aquí reside mi confusión. Pero empecemos por el final, que nos será útil. Solemos decir que la rueda de la historia gira a marchas forzadas en dirección al comunismo. Esto es porque la tendencia inherente del capitalismo es hacia la concentración de capital, es decir, hacia la apropiación cada vez más individual del capital, y a su vez hacia un trabajo cada vez más social (cada vez los trabajadores trabajan para el mismo propietario). Lo que significa que el capital debe tornarse de propiedad social para que podamos avanzar.

Lo que nos interesa aquí es una de las más importantes características que el comunismo deberá contener para ser tal: la abolición de la contradicción de intereses constreñida en la división del trabajo. En capitalismo, por ejemplo, existe la división entre trabajo manual e intelectual en las empresas, pero resulta que quien ostenta el puesto de intelectual es el empresario, y el que ostenta su contrario es el trabajador. ¿Qué sucede? Que hay intereses contradictorios entre esas dos clases sociales. Por lo tanto, será de suma importancia abolir las clases sociales para que, siendo la división del trabajo un motor para avanzar, no se vea envuelta en contradicciones de intereses que impidan tal cosa. Aunque también será vital no reproducir esas clases sociales a través de una división de poderes en las empresas usando el esquema de la división del trabajo.

Así pues, una vez tenemos ésto, podemos entrar en materia. Si tenemos en cuenta que toda opresión tiene su base material en la división del trabajo, ¿por qué no estamos clamando por la liberación animal-no-humana? Sabemos que tanto la ganadería extensiva como la intensiva son dos formas de explotación en las que usamos a los animales-no-humanos para producir cuanto queramos; es decir, somos dueños de sus vidas y además nos apropiamos de lo que producen. Y por si fuera poco, ésto también deriva en su conversión en mercancía y su posterior ingestión por parte de animales-humanos. La contradicción de intereses dentro de la división del trabajo es cristalina.

De esta manera, se hace preciso volver a preguntar: ¿es la lucha por la emancipación animal-no-humana una cuestión moral? ¿Es cosa de hippies? ¿Es ajena a la lucha contra el capitalismo? Está claro que no, pero... que la respuesta quede a cargo de le lectore.

Siendo la moraleja de este artículo tan clara, sólo queda decir que, todo intento de relegar o de seguir relegando esta cuestión a un puesto secundario significará la incomprensión total de la lucha contra el capitalismo; ésto es, o vamos a por todo, o no tendremos nada. Guste o no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario