miércoles, 29 de octubre de 2014

Los “Sucesos de Mayo” de 1937 como fin de la Revolución social.

En Mayo de 1937 se produjeron en las calles de Barcelona los famosos “Sucesos de Mayo” que se caracterizaron por ser una guerra dentro de la propia Guerra Civil Española, enfrentando por un lado a la CNT y el POUM, y por otra lado, al Gobierno de la República Española, PSUC y ERC. El primer bando pretendía seguir haciendo la Revolución Social mientras se hacía la guerra contra el Bando Nacional, mientras que el segundo bando pretendía primero ganar la Guerra Civil y luego proseguir con la Revolución.  El final ya lo sabemos todos, se perdió tanto la Guerra Civil como la Revolución social.


El lunes 3 de mayo de 1937, hacia las tres menos cuarto de la tarde, empezaba ‘el principio del fin’ de la Revolución social española que se inició, de la mano del proletariado revolucionario, el 19 de Julio de 1936. Todo empezó con la llegada de tres camiones repletos de Guardias de Asalto (policía republicana), fuertemente armados, y con orden de detenerse –y ocupar- la sede de Telefónica en la plaza de Cataluña. Los pelotones de la Guardia de Asalto estuvieron encabezados en todo momento por Eusebio Rodríguez Salas, famoso militante del sindicato obrero UGT y bolchevique convencido. ¿Por qué tuvieron la orden de parar en la Telefónica de Plaza de Cataluña? Porque el edificio de Telefónica había sido expropiado por la CNT desde el 19 de julio, día en el que dio comienzo la Revolución Social en el Estado español. La supervisión y gestión de las comunicaciones telefónicas, al igual que las patrullas de control, habían provocado diversos conflictos entre los militantes ‘cenetistas’ y el Gobierno burgués de la II República española. La lucha entre el sindicato anarquista y el Gobierno republicano era una batalla inevitable que debía llegar tarde o temprano, los primeros reclamaban seguir con el control de las “conquistas” del 19 de julio de 1936, mientras que los segundos reclamaban para sí el dominio absoluto de las competencias que les eran “propias”.

Una vez en Plaza Cataluña, la Guardia de Asalto, comandada por Eusebio Rodríguez Salas, entró “a por todo” en el edificio de Telefónica, cogiendo por sorpresa a los cenetistas de las plantas bajas, que no tuvieron más opción que dejar las armas y rendirse, pero en los pisos superiores, los anarquistas organizaron una dura resistencia gracias a las ametralladoras que aun guardaban.

Este suceso se propagó por toda la ciudad de Barcelona como la pólvora, haciendo de crecer como hongos barricadas por toda la ciudad condal. Fue el mismo presidente de la Generalitat, Lluís Companys, quien decidió, presionado por el PSUC, abandonar la táctica imperante hasta ahora de un Gobierno de unidad antifascista con la CNT como participante de índole importante. Finalmente venció la táctica de Comorera y ‘su’ PSUC, que consistió en imponer por la fuerza un Gobierno “fuerte” y autoritario que ya no tolerase, según Comorera, “una CNT incapaz de meter en cintura a sus propios militantes ‘incontrolados’”. Este viraje de la táctica de la Generalitat fue la última gota que propició los enfrentamientos armados de mayo de 1937 en Barcelona, siendo el propio Companys el encargado de dar la orden de ocupar la Telefónica por parte de la Guardia de Asalto, sin previo consenso con el resto de ministros. Como dijo más tarde Josep Tarradellas: “La toma de Telefónica por parte del Gobierno era la irracional respuesta a las exigencias cenetistas y un desprecio a las negociaciones”. 
Fueron los famosos Comités de Defensa de la CNT los encargados, pues, de dirigir y organizar, en cada barrio barcelonés, la resistencia ante la “contrarrevolución” dirigida desde el Gobierno republicano. En un principio, los barrios obreros estuvieron enteramente controlados por la CNT-FAI, controlando toda entrada y salida en las carreteras y sin necesidad de utilizar demasiado las armas. Y donde se necesitó el uso reiterado de las armas, la lucha se decidió rápidamente a favor de los Comités de Defensa. Pero la derrota de la ‘masa confederal’ llegó por el llamamiento de los dirigentes cenetistas (esos mismos que llamaron a la Revolución el 19 de julio de 1936) que optaron por el abandono de la lucha en aras de la unidad antifascista contra el Bando Nacional.

Esta derrota inducida por los propios dirigentes de la CNT provocó la definitiva disolución de los Comités de Defensa, que si ya de por sí dejó tocado al proletariado revolucionario, aun más con la detención del Comité Ejecutivo del POUM y la ilegalización del partido.  A partir de este momento, con todo el poder en manos del PSUC y del sector proletario controlado por este, se desencadenó una sistemática represión contra la CNT y la FAI. Esta represión se inició primeramente mediante ofensivas judiciales llevando a juicio a los Comités Revolucionarios locales de cada municipio, a todo militante de la CNT que hubiera tomado partido durante los “Sucesos de Mayo” de 1937, se tipificó el delito de opinión e ilegalizó la prensa favorable a la Revolución Social. A todo esto se le añadió la persecución y tortura día y noche así como  encarcelamiento a todo aquel o aquella proletaria que fuera sospechosa de ser cenetista o miembro del POUM. Aun así, muchos Comités Revolucionarios locales consiguieron sobrevivir gracias al gran arsenal armamentístico, eso sí, de forma clandestina hasta aproximadamente la primera semana de septiembre de 1937, cuando ya desaparecieron (o se disolvieron) en su totalidad. Hasta aquí llegaba la Revolución Social. Hasta aquí llegaba el sueño de un proletariado revolucionario luchando por el comunismo libertario. A partir de aquí, los y las anarquistas que sobrevivieron o no fueron encarcelados, se dedicaron exclusivamente a divulgar información clandestina de solidaridad con los presos revolucionarios, exigiendo su libertad y denunciando las formas con las que eran tratados.


Los “Sucesos de Mayo” de 1937 consolidaron la contrarrevolución liderada por el bando burgués-republicano con la incesante ayuda del sector obrero controlado por el PSUC, con la consiguiente represión del movimiento anarcosindicalista y del POUM, provocando así el fin de la Revolución Social. En 1938, los y las revolucionarias estaban ya exiliados, encarcelados o bajo tierra. No fue la dictadura de Franco, sino la República de Negrín quien acabó con la Revolución.

La historia la han escrito siempre los vencedores, pero también es cierto que a veces aparecen grietas en la historia oficial, la del Gobierno, y los perdedores dejan constancia de la otra historia, la del pueblo. Y este es el caso de la historia del anarquismo.


“Vivere militare est”. Séneca. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

ANARCOSINDICALISMO: COMITÉS DE DEFENSA, GRUPOS DE AFINIDAD Y GRUPOS DE ACCIÓN.

Hoy os traemos un artículo histórico y curioso a la par que desconocido para la mayoría de población (incluso para la población minimamente politizada). Hablaremos de tres “estructuras” organizativas que conformaron el famoso sindicato anarcosindicalista CNT, en los años ’30. Nos referimos concretamente a los llamados “Cuadros de defensa”, “Grupos de afinidad” y los “Grupos de acción”. El objetivo del presente artículo no es solo explicar una parte de nuestra historia y despertar la curiosidad de los y las lectoras, sino también explicar las diferencias entre los tres tipos de organización para que no se confundan los tres conceptos entre sí.

Empezaremos por esbozar qué eran los Cuadros de Defensa de la CNT y para qué servían. Estos grupos llamados “Cuadros de Defensa” fueron creados por el sindicato CNT en Octubre de 1934 para cometer la llamada “gimnasia revolucionaria”, que no era más que distintas acciones insurreccionales en distintos puntos del Estado español como método efectivo de preparación y entrenamiento hasta llegar a la revolución proletaria. 

Bien, los Cuadros de Defensa fueron una milicia secreta y anónima del sindicato cenetista, que aparte de las acciones anteriormente mencionadas, tenía como labor la defensa sindical y hacer de piquetes armados en las distintas huelgas. Podemos definir a estas agrupaciones como el ejército clandestino de la revolución social, sumido plenamente en tareas como la de instrucción de armamento, información y espionaje y preparación de la insurrección. No eran una organización independiente de la CNT, al contrario, dependían directamente del sindicato, ya que era la propia CNT quien los financiaba y los nutría con sus militantes. Cada cuadro de defensa empezaba con un mínimo de seis militantes cenetistas, pero con la intención de ir aumentando en número hasta llegar a la totalidad del proletariado. Lo que hay que dejar claro es que no fueron nunca independientes de la CNT, como si lo eran otros colectivos (FAI, Juventudes libertarias, etc.). Estos cuadros fueron siempre la organización armada de la CNT, sometida siempre al mandato del Comité regional y Nacional de ésta.

¿Qué fueron los llamados “Grupos de afinidad”? No fueron más que la estructura organizativa de la FAI (Federación Anarquista Ibérica). Estos grupos se formaban a partir de la unión de diversos militantes, amigos y compañeros de trabajo que tenían una línea ideológica similar en la mayoría de aspectos y que se organizaban para asumir labores y tácticas comunes al grupo. El hecho de que cada grupo de afinidad sólo estuviera compuesto por miembros muy similares ideológicamente, provocaba ciertas disputas y discrepancias entre distintos grupos de afinidad.  Los grupos de afinidad estaban caracterizados principalmente por su autofinanciación, autonomía, federalismo y “transitoriedad” ya que su grado de clandestinidad, hacía que estos grupos nacieran tan solo para efectuar una determinada acción, pasada la cual se disolvían. Esta clandestinidad y transitoriedad eran fruto de la enorme represión policial que sufría el movimiento obrero en general, y el movimiento anarquista en particular. La militancia de los grupos de afinidad iba desde un mínimo de cuatro personas, a un máximo de veinte. Si bien otras de las características de los grupos de afinidad era su escasa financiación y medios materiales, sus labores y funciones eran bastante heterogéneas, pero principalmente se encargaban de todo lo relacionado con lo cultural, esto es, la divulgación y difusión anarquista y científica, la creación de Escuelas Racionalistas y Ateneos, exposiciones, corales y conferencias políticas.

Por último esbozaremos lo que fueron los “Grupos de acción”. Estos grupos nacieron como colectivos armados de autodefensa de los sindicalistas y de los sindicatos durante los años del “pistolerismo” (1917-1923) ante el brutal terrorismo de Estado de aquella época. Fue la única manera de combatir a los “pistoleros” (sicarios) contratados por la patronal y evitar así la desaparición del sindicato CNT a causa del asesinato sistemático de sus militantes.
Los grupos de acción se constituyeron como tal, el diez de Marzo de 1923, aprobado en una ejecutiva sindical con personalidades tan ilustres del anarcosindicalismo español como Joan Peiró y Ángel Pestaña. La ejecutiva consideró la creación de estos grupos como la única forma eficaz de luchar contra el terrorismo estatal y empresarial. Y cómo era de esperar, el Estado y la clase empresarial no tardaron en criminalizar a estos grupos de acción, aprovechando así para criminalizar también cualquier tipo de asociación obrera. Estos grupos de acción no eran exclusivos de la CNT, sino que todo sindicato revolucionario de la época constituyó sus propios grupos de acción como órganos indispensables de la acción directa sindical frente a los abusos laborales de capataces y empresarios así como frente a los abusos policiales. 

La violencia revolucionaria acaecida durante el primer tercio del siglo XX a través de los distintos sindicatos revolucionarios y demás plataformas obreras no existían porque sí, fueron fruto del terrorismo de Estado, arraigado fuertemente en las instituciones del Estado español y organizado paralelamente dentro de los cuerpos policiales. 

jueves, 16 de octubre de 2014

Sobre la supuesta "estupidez" de la clase obrera

Muchos y muchas son las que esputan comentarios tales como "nadie hace nada", "es que son idiotas", y demás lindeces por el estilo.

En respuesta a esto, y para comprender la realidad, debemos tener en cuenta que hay cosas que vemos y podemos tocar, las cuales llamamos materia. Y por otro lado, hay cosas las cuales no podemos, y estan son las llamadas ideas. Ante este planteamiento, nacen varias preguntas: ¿son las ideas las que generan la materia, o por el contrario es la materia la que crea las ideas? Dicho de otro modo, y usando  un ejemplo, ¿es el pensamiento el que crea el cerebro o es el cerebro el que crea el pensamiento?

En relación con estas reflexiones, alguno o alguna pensará "¿pero qué está diciendo este colgao'?". Bien, pues si entendemos que la materia genera los pensamientos, esto es, lo que no se puede tocar, ergo entendemos que de las condiciones de la materia depende el producto que ella produzca, entonces todos aquellos comentarios que hacen alusión a "la gente no avanza" ó "la gente es tonta" no tienen demasiado sentido, pues no somos unos privilegiados que han saltado sobre las fases anteriormente dichas y han alcanzado un pensamiento crítico superior al resto, sino que nuestras condiciones sociales (familia, trabajos, estudios, etc) han hecho que lleguemos a alcanzar estos pensamientos, cuestión que reduce el hecho de concienciar a la gente a analizar las condiciones que les llevan a pensar así y hacer un cambio sustancial para que la situación deje de ser tal.

Por tanto, la situación sólo puede ser cambiada desde la comprensión de las condiciones que se dan a toda la sociedad y no desde una posición de superioridad, como es la relatada anteriormente, y sólo siendo parte de la gran masa de gente, porque, en conclusión, sólo entendiendo cómo se mueve se le puede dar un cambio de dirección.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Mitos sobre la represión de Stalin y su poder


Numerosas han sido las ocasiones en las que me he encontrado leyendo o escuchando cosas como "la represión stalinista", "la locura stalinista", "el genocidio soviético", "Stalin asesino!!!!!" o "Stalin el dictador rojo".


Bien, podría decir que comentarios así han hecho llorar al niño Lenin, y quedarme tan ancho. Pero me gustaría aclarar esos mitos y dejar por fin esclarecida, al menos entre mis más allegados y allegadas, la historia más reciente de la URSS en ese sentido.

Podemos (no, no me gusta Pablo Iglesias) empezar hablando del sistema político de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Aunque en estos casos es mejor comenzar por la duda más trillada: ¿tenía el Partido Comunista de la Unión Soviética algún poder de facto en ese sistema político? La respuesta es no. El Partido únicamente seguía siendo la herramienta ideológica, de organización y concienciación de la población soviética para solidificar el socialismo y prevenirse de ataques propagandísticos y demás agresiones. De aquí, se llega también a la conclusión de que el Partido no se podía presentar a las elecciones de las asambleas (soviets). Es decir, quienes se presentaban eran personas de forma individual, que el partido no podía proponer. Evidentemente, habían más capas sociales en la sociedad soviética, por lo que podían fundar sus organizaciones también.


En esta línea, existían varios tipos de soviets: el sindical, el local, rural, comarcal, de ciudad, de distrito, provincial, supremo,... etcétera. Cada uno escogido por sufragio universal y elección directa y libre, y cada uno con su comité ejecutivo elegido directamente por el soviet. De modo que de las competencias de cada Soviet se desprendía un sistema erigido de abajo hacia arriba. Además, este modo de funcionar daba la opción de que cada delegado era revocable por sus electores, algo mucho más sencillo si se trataba de personas en forma individual y no de partidos.

Por lo tanto, y es necesario volver a hacernos la pregunta: ¿era posible, dada esta estructura, que el PCUS o su secretario general tuviese algún poder de facto? De nuevo, la respuesta vuelve a ser no.

Éste era y es uno de los sistemas más democráticos que pueden haber, puesto que la mayoría trabajadora controlaba todos los ámbitos de su vida. El empleo, la vivienda, los servicios, la industria,...

En conclusión de este apartado, si en los soviets había una mayoría de personas militantes del partido comunista (normalmente el 60%), el partido podía seguir siendo la herramienta ideológica, de organización y concienciación de la población soviética para solidificar el socialismo y prevenirse de ataques propagandísticos y demás agresiones.

Ante esto y una vez aclarado que superestructuralmente no era posible que el partido tuviese un poder de facto, sino que debía ser elegido por la población, sólo nos queda acudir a la historia y a los archivos secretos de la KGB (de modo que los argumentos tengan veracidad) para comprobar si Stalin fue algún tipo de tirano rojo, aunque ya haya quedado demostrado que esto no era posible. Simplemente para acabar con toda duda posible.

Resulta que en dichos archivos se cuenta la historia de que Stalin no fue presidente del Consejo de Ministros (comité ejecutivo del Soviet Supremo) hasta el año 1941, sucediendo a Molotov. Lo que nos lleva ya a romper con el primer mito de la "represión Stalinista", puesto que esta supuesta ola de gran terror marcho por las tierras soviéticas desde el 1934 al 1938.  ¿Qué pasó justo en esa fecha? Que Yagoda, que no iba a ser Comisario de Asuntos Exteriores, asesinó a Menzhinsky, y en su lugar pudo colocarse en tal puesto, asesinando posteriormente a un hombre que llevaba la línea de Stalin: Serguei Kirov, así como también a Máximo Gorki. De estos crímenes se autoconfesó culpable en 1938. Y en 1936, cuando fue detenido, en su lugar se colocó a Nikolai Ezhov. Cuyo periodo en el puesto fue el único en el que la NKVD no tuvo que rendir cuentas de sus actuaciones. 


Posteriormente, Stalin usó su secretaría personal para investigar estos casos, y ante las evidencias, Ezhov tuvo que dimitir, siendo automáticamente encarcelado autoconfesándose culpable de sus crímenes. Según cifras de los archivos de la KGB, desde 1930 hasta 1953 habrían sido condenados a muerte 786.000 detenidos. De los cuales no se sabe cuántos eran políticos y cuántos no. Además de ser periodo de guerras, de entreguerras y de guerra fría.
Luego de eso, por consejo de Stalin, en el lugar de Ezhov, el Soviet Supremo escogió a Lavrenti Beria. Y de ese hecho se desprendió la liberación de millares de personas inocentes. De lo que se cristaliza otra pregunta, ¿cómo iba a Stalin, suponiendo el hipotético poder dictatorial que se le atribuye, a quedarse en minoría en el partido por iniciativa personal? La respuesta se llama Nikita Jruschov, quien le sucedió después de su muerte en la secretaría general del partido. El mismo que, junto con Karl Radek, empezaron y extendieron el culto a la personalidad de Stalin.

No es casualidad que después de que Stalin falleciera, Jruschov pronunciase su discurso secreto en el XX Congreso del PCUS acusando a Stalin de promover culto a la personalidad (algo que el propio Stalin criminalizaba públicamente) y crímenes contra la humanidad, obteniendo así el poder del partido. 
Por otro lado, tenemos también el mito del Holodomor; mito extendido por grandes empresarios como Hearst o escritores como Conquest. Dicho conflicto, para ir rápidos, fue un levantamiento armado de 1932 en el que los campesinos sin tierras colectivizaron las de propiedad de Kulaks establecidos en cooperativas. Estos terratenientes no dudaron ni un momento en coger las armas y quemar los campos donde se cultivaba el grano, por lo que esto produjo una hambruna de grandes proporciones. 
El hecho diferencial, empero, fue que una vez conseguidas las tierras de Ucrania, no hubo una sola hambruna más en la URSS, exceptuando la causada por la guerra. Algo que antes no sucedía, puesto que el pueblo campesino sufría de hambrunas cada cuatro años.


Así que, llegados ya casi al final esta historia, sólo nos queda comprobar cuáles eran las cifras de los famosos y muy trillados Gulags. En la URSS, en 1940, existían 53 campos y 425 colonias de trabajo, los famosos gulags. Se diferenciaban porque las colonias eran más pequeñas y con un régimen penitenciario más relajado que los campos y a ellas se destinaban los presos con condenas más reducidas. En los campos y colonias los presos no estaban recluidos en espacios cerrados sino que trabajaban y cobraban el mismo sueldo que los demás trabajadores, sobre la base del principio de que los presos no podían resultar una carga para la sociedad. Trabajaban durante su jornada laboral (7 horas diarias) y luego debían recluirse en los recintos cerrados y custodiados. En la URSS no había cárceles como las que conocemos aquí, en las que impera la ociosidad: trabajar era una obligación para todos, y no un derecho. Imperaba el conocido principio general de que quien no trabaja no come. 

Pero hay detalles muy poco conocidos. Por ejemplo, hasta 1937 la pena máxima establecida por las leyes soviéticas era de 10 años, y el 82 por ciento de los condenados lo eran a penas inferiores a 5 años. Las penas dictadas por los tribunales populares eran algo superiores, pero en todo caso, sólo el 51 por ciento de los contrarrevolucionarios fueron condenados en 1936 a penas superiores a los 5 años. Cuando en 1937 se elevó el tope de las penas, sólo el 1 por ciento de los contrarrevolucionarios fueron condenados a penas superiores a los 10 años. Ni existía la condena a perpetuidad como en Estados Unidos, ni nadie cumplía condenas de más de 20 años, como en España. 

Y si esto le parece poco al lector, aquí tiene más datos:

Presos políticos en 1939: 454.000 (muchos de ellos Kulaks, pues los condenados ascendieron a 1.800.000 millones), lo que significaba el 1,96% de la población adulta. A los que si les sumamos los presos no políticos, quedaría en 2.500.000, los cuales sólo corresponden al 2,5% de la población adulta. 

Por el contrario, tenemos que en 1996, en EEUU, habían 5.500.000 millones de presos (entre políticos y no políticos), de los cuales correspondían al 2,8% de la población adulta. 

Lo que significa que EEUU, sin padecer un levantamiento armado de las proporciones de la guerra civil en la URSS, ni tampoco la amenaza exterior de ninguna potencia, ni surgiendo de una guerra mundial, ni sufriendo una invasión exterior de las grandes potencias, ni un sabotaje permanente de espías y contrarrevolucionarios, ni finalmente una nueva guerra mundial, tenía un número de presos superior al de la URSS. Y con cárceles totalmente diferentes.


En definitiva, y como último dato, las muertes en los campos y colonias de trabajo, los porcentajes van del 5'2 por ciento en 1934 al 0'3 por ciento en 1953, lo que hace un total aproximado de un millón de presos, la mitad de ellos en el periodo de 1934 a 1939, y siempre por causas involuntarias, como se demostró al difundirse tras la II Guerra Mundial el uso de antibióticos, que redujo notablemente el volumen de fallecimientos. 


Así pues, quedan arrastrados al basurero de la historia todos los mitos aquí demostrados como inválidos, hecho que el lector podrá comprobar en los archivos históricos y secretos de la KGB, como queda mencionado al principio del artículo.

Y a propósito de los días que estamos viviendo:"La existencia del capitalismo sin opresión nacional es tan inconcebible como la existencia del socialismo sin la emancipación de las naciones oprimidas, sin la libertad nacional." Iósif Stalin